La utopía política

El siguiente extracto pertenece al capítulo III – Política, de uno de los lúcidos y visionarios libros de Paul Brunton, ” Un mensaje desde Arunachala”. Aunque escrito en 1.936 es totalmente aplicable a este inicio de milenio. Sobra decir que su planteamiento lo comparto plenamente.

¿ Utopía ? Sí, pero todo avance social de la Humanidad comenzó siendo la utopía de una sola persona o un reducido grupo de ellas.

“ Los políticos tratan de olvidar a Dios y los grandes mensajes de orientación y advertencia que de tanto en tanto los profetas han entregado a la humanidad. Hay en esta cuestión algo que los incomoda. Sin decirlo expresamente, dan a entender que Dios está demasiado lejos de este planeta, como para hacer sentir su presencia. Lamentan mucho que la sociedad no pueda basarse en las leyes divinas, pero puesto que las cosas son así, es mejor basarla en las leyes del corral, del pesebre y el zoológico. Sin embargo, pese a sus abundantes promesas, ningún gobierno desprovisto de Dios, ha podido hacer feliz al hombre. En cambio ha producido naciones enteras de pobres espirituales, puesto que los políticos cerrando cuidadosamente los ojos a las realidades más profundas de la vida, juegan con los aspectos exteriores. Tienes que decidirte entre creer que la vida tiene un propósito político o religioso. Si aceptas lo primero, entonces te ves obligado a prestar todo tu apoyo a un partido político; si optas por lo segundo, entonces deberás pagar tributo de energía y tiempo al espíritu.

Hemos sustituido la vigorosa práctica de la ética por la enclenque imagen de la conveniencia o comodidad; no nos quejemos entonces, si nuestro engendro cae y se arrastra por el polvo. Una multitud de panaceas políticas son tenazmente sostenidas y defendidas como curalotodo, pero en realidad impiden a las naciones su auténtica cura, pues los hombres nacen ciegos, en la actualidad. Aceptan lo transitorio y superficial en lugar de lo permanente y verdadero. No se dan cuenta de que un renacimiento espiritual es la previa condición necesaria de una restauración feliz. Otorgarle voto a un hombre que antes no lo tuvo, no lo vuelve automáticamente menos ciego. Sin estos elevados principios espirituales, seguiremos cosechando los ásperos frutos de nuestra locura.

Ningún estado puede ser realmente gobernado si no lo hace según bases de buena voluntad, razón, fuerza espiritual y justicia. Tal estado, carente de los fundamentos señalados, solo posee, a cambio de un positivo gobierno, un conjunto de pergaminos y documentos llamados falsamente leyes.

A nuestra época no le interesa la promulgación de las más antiguas doctrinas – las que formularon, siglos atrás, Krishna, Buda y Jesús – que afirman que la regeneración de la sociedad no surgirá de los debates multitudinarios, sino del cambio de sentimientos del individuo.

Hay en política sobrado lugar para el hombre que, con fines altruistas e ideales de servicio puro; para el hombre que deja guiar su paso por la espiritualidad y que mueve su mano inspirándose en la energía divina, dedica su vida a la política. Los hombres de esta clase brillarán como chispas de oro en el cuarzo; pueden ir muy lejos y hacer mucho bien, pero ¿dónde hallarlos?

¡Estamos politizados porque lo merecemos!

Nos gustan las discusiones sobre ideales como temas de salón o charlas de mesa, pero no soportamos que alguien se disponga a ponerlos en práctica. Aplaudimos al valiente rebelde, a conciencia de que nuestra silbatina subsiguiente lo hará volverse a favor de lo Respetable, momento en que habrán ganado las convenciones. Nos agrada escuchar las apelaciones del radical a la libertad de pensamiento, pero bien pronto hallaremos la manera de ponerlo en prisión. Hay gran distancia entre lo que se predica y lo que se pone en práctica.

La raíz codiciosa y agresiva del hombre permanece inalterable. Surge como la maleza que siempre nace a nuevos brotes. Los entendidos pueden planear mejoras, pero sólo la buena voluntad puede iniciarlas. Hay una única manera de encarar dichos problemas, realmente satisfactoria y duradera. Cambiad a los hombres y, como consecuencia, lograréis un cambio de todas las dificultades que surgen debidas a su naturaleza defectuosa. Mucho tiempo después que el presente siglo haya pasado, esta verdad será frecuentemente repetida y recordada. Espiritualizad a los hombres, y entonces, en medio de una atmósfera de buena voluntad, resolveréis para siempre, todos los problemas. Ya que, en la sublime atmósfera de la vida superior, todos los problemas, fricciones y odios, desaparecerán automáticamente; por su propia discordancia. No será necesario cortar por separado cada raíz. Pero recordad que sólo podréis comenzar a cambiar a los hombres después que hayáis cambiado vosotros mismos. Esto no se logrará por medio de las palabras únicamente, sino gracias al poder del espíritu. El efecto de las simples palabras predicadas a los demás, probablemente desaparezca junto con el eco de las mismas. Pero los concentrados pensamientos de dominio, paciencia y sabiduría, que hayan adquirido el intenso poder de vencer los errores mentales largamente arraigados, irradian la fuerza de su luz a toda mente que se encuentre dentro de la esfera de su influencia.

La única reorganización social válida será la que surja del cambio espiritual de hombre mismo; las demás reformas son remiendos, no pueden perdurar y se extinguirán después de una vida más o menos breve. Mientras persista la ignorancia espiritual, continuará en vivencia el ciego egoísmo, ignorancia y ceguera que son las raíces de la vida humana, y que sustentan el árbol cuyos frutos siempre serán los de la desdicha, la opresión, las turbaciones, el descontento y la rivalidad.

Buscamos nuestra salvación el Estado, a pesar de que la historia y la experiencia de todos los tiempos, han demostrado que el sendero de la felicidad es personal y solitario. El Estado está constituido por individuos, y cada hombre puede mejorar el pensamiento y la conducta de por lo menos un ciudadano, al cual tan a menudo descuida, es decir, de si mismo. Tomemos conciencia de esta ineludible verdad, y depositemos menos fe en los grandes esquemas de políticos insignificantes – aunque sean bienintencionados- propuestos para salvar sus pueblos o reformar sus países; comprendamos que podemos lograr una mayor felicidad para el mundo, solamente si antes la hallamos en nosotros mismos. No exageramos si decimos que abundan los reformadores que aspiran a reformar a todo el mundo, excepto a si mismos.

Si el mundo fuera más sabio, encargaría a aquellos hombres que poseen sabiduría espiritual junto con iniciativa para la acción, la tarea de restablecer las condiciones para una mayor felicidad.”

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3 respuestas a La utopía política

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  3. Oliverio sua Reyes dijo:

    Alguien dijo que la utopia no se puede asosiar con la politica;si embargo opino que el pensamiento politico es solo una utopia que en mi concepto puede ser manipulado por otro pensamiento mas puro de lo que seria justicia en politica:yo digo que:el pensamiento politico de isquierda o de derecha por ejemplo solo son conveniensias en el harte de governar:se le endilgan los malos pasos de la humanidad,al comunismo sin tener en cuenta que el capitalismo han surgido los dominadores de la humanidad y que no vacilan en la destruccion de lo que les estorbe y lo mismo hacen los de isquierda(que no se a que le atribuyen ) ser malo o Bueno como manera de gobernar:la opulencia es detestable para los pobres y la miceria es delesnable para los qu todo lo tienen.Yo diria ue los religiosos son la utopia de lo Bueno y lo malo solo un pensamientoque hace que los buenos sean tan malos que como alguie dijera es mas probable que un cammello pace por el ojo de un aguja que un rico (poderoso)entre al reino de los cielos,Entonses nos encontramos con otra paradoja en la cual la mayoria de humanos no sabe cual es la verdad si hay gobernantes de derecho y de isquierda que se disputan el ser Bueno para desirle al contrario que es malo:En esta forma se crea un desconsierto y el humano le da lo mismo ser Bueno o malo en el sentido del comportamiento personal que es la descompocicion social que estamos viviendo los humanos endistintas partes del mundo.EN TODO CASO COMO DE UTOPIAS ES DE LO QUE VIVIMOS,YO PODRIA DESIR QUE EL ARTE DE GOBERNAR ES NO SOLO UNA UTOPIA ,SINO UN ENGANO PARA LOS GOBERNADOS.
    O.S.R.

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