Gnosis

 

“Es una sabiduría que predicamos entre los
perfectos, sabiduría que no es de este siglo,
ni de los jefes de este siglo, que van a ser
aniquilados. Predicamos la sabiduría divina,
misteriosa y oculta, que Dios antes de los
siglos había destinado para nuestra gloria,
sabiduría que ninguno de los jefes de este
siglo ha conocido.” 

1ª de Corintios, 11, 6-8

 

” Gnosis es, por así decir, una perfección del hombre como tal, obtenida por la ciencia de las cosas divinas según la costumbre, la vida y las palabras, armonizadas y conforme a sí mismo y al Verbo Divino.

Decimos, además, que la Gnosis difiere de la sabiduría adquirida por la enseñanza. Todo lo que es Gnosis es igualmente Sabiduría; pero no todo lo que es Sabiduría es Gnosis. El nombre de Sabiduría no se aplica sino al uso de la palabra proferida. El fundamento de la Gnosis es no dudar de DIOS, creer; y Cristo es, a la vez, el fundamento y la construcción, aquél por quien son el Principio y el Fin, quiero decir, la Fe y el Amor. La Gnosis, transmitida por la tradición según la gracia de DIOS, a los que se han mostrado dignos de la instrucción, les es entregada como un depósito a continuación del cual la dignidad del Amor brilla Luz tras Luz: “Al que tiene le será agregado”.

A la Fe, la Gnosis; a la Gnosis, el Amor; al Amor, la Herencia. Y esto sucede cuando se está pendiente del Señor por la Fe y por el Amor y cuando el DIOS y guardián de nuestra Fe y nuestro Amor nos hace subir donde está.

Finalmente la Gnosis es transmitida a los hombres acostumbrados y aprobados por una preparación y un ejercicio más completos, capaces de oir lo que se les dice, y por conducta de la vida y por los progresos superiores a la justicia y la ley. Nos conduce a nuestro Fin Infinito y Perfecto, enseñándonos la Vida que será nuestra según DIOS con los Dioses, cuando estamos libres de todo castigo y de toda pena que recibamos a consecuencia de nuestros pecados como una disciplina saludable. Después de esta rendición son concedidos la recompensa y los honores a los iniciados, a los que han completado la purificación y perfeccionado también la otra liturgia santa entre las cosas santas.

Enseguida, ya puros de corazón según la Bondad del Señor, el apocastásis nos recibe para la contemplación eterna. Recibirán el nombre de Dioses y estarán colocados los primeros después del Salvador. La Gnosis está, pues, pronta a purificar, así como dispuesta, en vista de una transformación fácil, hacia el Bien. También nos transporta rápidamente a lo Divino y lo Santo, que se halla emparentado con el Alma.

Así la Fe es, de esta manera, un conocimiento abreviado de las Verdades necesarias; el Conocimiento es la demostración fuerte e invencible de las Verdades adquiridas por la Fe, demostración edificada en la Fe por la enseñanza del Señor hecha para conducir en la ciencia, a lo Infalible e Inteligible.

A mi parecer hay una primera conversión saludable, la que conduce del paganismo a la Fe y una segunda que transporta de la Fe a la Gnosis. Esta, lindando con el Amor, reúne desde aquí abajo, como a un amigo que conoce y al que es conocido. Y sin duda tal hombre adquiere ya en este mundo la igualdad de los ángeles.”

Estromatos VII, 10, 55-57 Estromatos t. II, pg. 40-42 , de Clemente de Alejandría.

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“La Gnosis no se guarda en escuelas o en templos secretos; no hay maestros que se interpongan. Ella viene hacia todos, es omnipresente como fuerza, como radiación, como luz.

¿Con qué intención? No con el fin de despertarle a usted, ya que esta fuerza de radiación no es una fuerza de esta naturaleza y nuestra naturaleza no puede recibirla ni colaborar con ella. Esta fuerza viene a buscar lo que está “perdido”. Esta fuerza irradia en el mundo sobre buenos y malos, únicamente con la intención de despertar aquello que pertenece a su naturaleza, o sea, el núcleo espiritual. Sólo donde reside el espíritu, sólo donde se encuentra un núcleo espiritual, puede existir la vida, la vida liberadora.

El núcleo espiritual, una vez despertado, llamado y reconocido, ataca a la naturaleza dialéctica que domina en el microcosmos y entra en lucha con ella. Y esta lucha indica una reacción positiva, directa y viva, un acto inmediato, una reacción espontánea a la intervención del espíritu. Esto no es una agitación intelectual o emocional, ya que estas dos exteriorizaciones son tendencias de la autoconservación de la naturaleza material; son intentos para procurarse un medio de existencia mejor.

La Gnosis se dirige como fuerza a dos grupos de seres humanos: en primer lugar, a los hombres que tienen la chispa de espíritu en estado activo, para hacer volver a la morada paterna a estos perdidos; y en segundo lugar, a todos aquellos en quienes la chispa espiritual está adormecida, con el propósito de despertarla, ya que este despertar representa la primera condición del viaje de regreso.

(….)

Jesús es la manifestación de la grande y serena fuerza gnóstica. Él es quien aporta el fuego devorador. Jesús tiene sus discípulos en esta naturaleza. No se es discípulo de Jesús por inclinación natural, intelectual o mística, como consecuencia de alguna predisposición sanguínea. Esto tampoco tiene nada que ver con una inclinación natural religiosa o egocéntrica hacia el bien. El discipulado de Jesús implica la posesión en el sistema microcósmico de un potencial liberado de fuego devorador, es decir, de la fuerza que no es de esta naturaleza.”

Jan van Rijckenborgh

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LA VERDADERA GNOSIS Y LA FALSA GNOSIS.

Cuando se lee un texto sobre la Gnosis (concepto que significa literalmente “conocimiento”) o cuando se oye hablar de ella, se asocia generalmente este concepto al de “conocimiento escondido”, y designamos con la acepción de “gnóstico” a todo lo que presenta un aspecto misterioso y, por lo tanto, escondido al hombre natural denso.

La Gnosis fue originalmente la síntesis de la sabiduría original, la suma de todo el conocimiento que orientaba de forma directa hacia la vida original divina. Esta vida original era como una ola de vida humano-divina no terrestre.

Los hierofantes de la Gnosis fueron -y todavía son- enviados del Reino Inmutable; aportaban la sabiduría divina a una humanidad extraviada, mostrando el único camino a todos aquellos que, en calidad de hijos perdidos, quisiesen regresar a la Patria Original.

Esta Gnosis, tal como la anunciaron los hierofantes-mensajeros, nunca fue plasmada en un libro, sino que era transmitida oralmente de instructor a alumno. No obstante, nadie debe suponer que esta transmisión oral de la Gnosis haya sido completa. Por una parte, existía un contacto con el grupo; y por otra, un contacto con el candidato mismo. En este doble contacto se tenía en cuenta minuciosamente el estado de ser del candidato, y sólo se revelaba al candidato lo que pudiera serle útil o necesario.

También podemos decir con certeza que en las regiones dialécticas no existe nadie a quien le haya sido revelada la Gnosis en su totalidad; quien dice saber no sabe, y quien conoce la Gnosis no habla. Ésta es una ley de los misterios universales que se hizo rigurosa desde el momento en que se impuso la necesidad de un orden natural dialéctico.

El hombre dialéctico, debido a su egocentrismo y a su conciencia separada del espíritu, tiene la propiedad característica de utilizar todo aquello que puede captar y asimilar, ya sea de un nivel elevado o inferior, para reforzar su propio estado. Por consiguiente, revelar la Gnosis a tales entidades no contribuiría a su salvación, sino a su perdición definitiva.

Por esta razón, la Gnosis jamás ha sido consignada en su plenitud, jamás ha sido transmitida oralmente en su totalidad; ya que hay muchos que, rápida y muy fácilmente, le darían una interpretación intelectual, llegando a provocar con ello un gran daño, tanto a sí mismos como a los demás.

Podemos comprender de esta manera que la revelación de la Gnosis es un proceso que se desarrolla al mismo ritmo en que el alumno avanza en el Camino. La ley dialéctica: “primero saber, después actuar”, sólo se puede aplicar aquí de manera muy limitada. Para ser capaz de poseer la Gnosis, para poderse acercar a la “esposa celeste”, el alumno debe actuar primero.
Este actuar es hacer de cada paso un acto responsable e inteligente. Este acto inteligente se examina con gran cuidado. Los hierofantes nunca pueden ser engañados.”

La Gnosis Universal, Jan van Rijckenborgh

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Imagen. “La incredulidad de Tomás” (1601-1602) de Michelangelo Merisi da Caravaggio (Milán, 1571-Porto Ércole, 1610).

“La incredulidad de Tomás” (1601-1602) de Michelangelo Merisi da Caravaggio

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