¡ Coraje !

” A vosotros que estáis fatigados, abatidos, lastimados, vosotros que desmayáis, que os creéis, tal vez, vencidos escuchad la voz de un amigo; él conoce vuestras tristezas, las ha compartido y, como vosotros, ha padecido de los males de la tierra; ha atravesado, como vosotros, los desiertos bajo el peso del día, sabe lo que son la sed y el hambre, la soledad y el abandono, el despojo en el corazón más cruel ; sabe también lo que son las horas de duda, conoce los errores, las faltas, los desfallecimientos, todas las debilidades.

 Mas os dice: ¡coraje! Escuchad la lección que, todas las mañanas, trae a la tierra el sol naciente en sus primeros rayos. Es una lección de esperanza, un mensaje de consuelo.

 Vosotros que lloráis, vosotros que sufrís, vosotros que tembláis, sin atreveros a prever el término de vuestros males, el fin de vuestras penas, mirad: No hay noche sin aurora, y el alba se prepara cuando la sombra se espesa; no hay niebla que el sol no disipe, ni nube que no haga brillar; no hay llanto que él no sea secado un día, ni tempestad tras la cual no resplandezca su arco triunfal, ni nieve que no funda, ni invierno que no trueque en primavera radiante.

 Ni tampoco hay, para vosotros, aflicción que no produzca su contrapeso de gloria, ni angustia que no se pueda transformar en alegría, ni derrota que no pueda trocarse en victoria, ni caída que no pueda transformarse en ascensión más elevada, soledad en hogar de vida, ni desacuerdo en armonía. A veces, el desacuerdo entre dos espíritus es lo que obliga a dos corazones a abrirse para entrar en comunión. Y, por último, no hay debilidad, por infinita que sea, que no pueda trocarse en fuerza; y aún en la debilidad mas suprema es cuando la omnipotencia gusta de revelarse.

Escucha, criaturita mía, que te sientes hoy tan quebrantada, quizás tan decaída, que no tienes nada más, nada más para cubrir tu miseria y alimentar tu orgullo, ¡nunca, aún, has sido más grande! ¡Cuán cerca de las cimas está el que despierta en las profundidades! Cuanto más se ahonda el abismo, tanto más se revelan las alturas.

¿Acaso no sabes que las fuerzas más sublimes de las extensiones buscan, para vestirse, los velos más opacos de la materia? ¡Oh, las bodas espléndidas del Amor Supremo con las materializaciones más oscuras, del deseo de la sombra con la luz más regia!

 Si la prueba o la falta te han arrojado bajo, si te has hundido en alguna sima de padecimiento, no te aflijas, pues ahí es donde podrán darte alcance la ternura divina y la bendición suprema. Porque has pasado al crisol de los dolores purificantes, para ti son las ascensiones gloriosas.

Estás en el desierto: escucha, pues, las voces del silencio. El ruido de las palabras elogiosas y de los aplausos exteriores había regocijado tus oídos, pero las voces del silencio regocijarán tu alma, despertando en ti el eco de las profundidades, el canto de las armonías divinas.

Andas en plena noche. Recoge, pues, los tesoros sin precio de la noche. A pleno sol se iluminan las rutas de la inteligencia; mas en la noche, bajo las claridades blancas, se hallan los senderos ocultos de la perfección, con el secreto de las riquezas espirituales. Sigue la vía del despojarte; ella conduce a la plenitud. Cuando ya no poseas nada, todo te será dado. Pues para quien es sincero y recto, siempre de lo peor surge lo mejor.

Cada semilla que se echa en la tierra produce otras mil. Cada coletazo del dolor puede ser un impulso hacia la gloria.

Y cuando el adversario se ensaña con el ser humano, todo lo que hace para aniquilarlo lo engrandece.

Escucha la historia de los mundos, mira: al gran enemigo que parece triunfar. Él arroja a la noche a los seres de luz, y la noche se llena de estrellas. Se ensaña con la obra cósmica y atenta contra la integridad del imperio esférico rompiendo su armonía, lo divide y lo subdivide, esparce su polvo a los cuatro vientos de lo infinito; y he que ahí ese polvo se torna simiente dorada que fecunda lo infinito y lo puebla de mundos que en lo venidero, gravitarán alrededor de su Centro eterno en su órbita expandida del espacio; de suerte que la propia división produce una Unidad más rica y más profunda, y, multiplicando las superficies del universo material, agranda el imperio que pretendía destruir.

Por cierto que era hermoso el canto de la esfera primordial, mecida en el seno de la inmensidad, pero ¡cuánto más hermosa aún y más triunfal es la sinfonía de las constelaciones, la música de las estrellas, la coral inmensa que llena los cielos de un himno eterno de victoria!

¡ Escucha aún !, no hubo estado más precario que el del ser humano cuando fue separado, en la tierra, de su origen divino. Sobre él se extendía la frontera hostil del usurpador y las puertas del horizonte eran veladas por los carceleros armados de espadas resplandecientes. Entonces, como el ser humano ya no podía ascender a la fuente del árbol de la vida, esa Fuente dio fruto en él; como ya no podía recibir la luz de lo alto, esa Luz resplandeció en el mismo Centro de su ser; como ya no podía estar en comunión con el Amor trascendente, ese Amor se hizo Holocausto y se ofreció, eligiendo cada ser terrestre, cada yo humano por Morada y por Santuario.

 Así es como, en esta Materia despreciada pero fecunda, desolada pero bendita, cada átomo encierra un pensamiento divino, cada ser lleva en sí al Divino Habitante. Y no habiendo nada en todo el universo, tan endeble como el hombre, nada tampoco es tan divino.

 ¡En verdad, en verdad, en la HUMILLACION se halla la cuna de la gloria! “

Mirra Alfassa

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