El Renacer.


Lunes, 10 de Marzo de 1.947

Como cada mañana tomo el tranvía para ir a la redacción. La primavera tiene prisa por llegar a Barcelona. Desde el sábado, un cielo azul intenso sin apenas nubes, perfila cuanto me rodea con más nitidez, aunque la temperatura todavía no invite a guardar el abrigo.Hoy me siento extrañamente bien. Gabriel, mi compañero de piso, me invitó el sábado a visitar la casa de campo de sus padres en Viladrau y el domingo por la noche fuimos ambos al teatro con otros compañeros del periódico. Disfrutamos de una magnífica comedia, “Eloisa está debajo de un almendro” de Enrique Jardiel Poncela, repleta de escenas absurdas y disparatadas.

Mientras espero el ascensor, las sensaciones agradables que he estado experimentando desde que desperté se intensifican. Hace ya dos meses que mi novia me abandonó, la misma semana que recibía un telegrama comunicándome la muerte de mi madre. Desde entonces he estado sumido en una profunda tristeza y apatía hasta el punto que he considerado mudarme a otra ciudad o a otro país; pero hoy algo ha cambiado.

Llego a mi mesa y veo una nota del redactor jefe: “ Samuel, cuando llegues ven a mi despacho. Rovira”.
–  “Hola Rovira, he visto tu nota ¿estás ocupado?.”
–  “Buenos días Samuel, pasa y siéntate.”
–  “Hoy solo acepto buenas noticias” – Le digo mientras me acomodo.
–  “Sí, ya visto que entrabas con una sonrisa. Creíamos que empezabas a cansarte de  nosotros.”.
–  “En absoluto, el periódico no tiene nada que ver, ya sabes que murió mi madre y tras volver del sepelio no he tenido una buena racha.”
–  “Claro, es comprensible. Quizás lo que voy a anunciarte te dé un nuevo impulso..”
–  “¿Conoces India?”
–  “No”.
–  “¿Te gustaría ser nuestro corresponsal en Nueva Delhi?.”
–  “Por supuesto.”
–  “El Consejo decidió enviar a Antonio Piera, pero ya sabes que se accidentó y sus  fracturas le impedirán viajar los próximos dos meses. Por otro lado Piera deseaba casarse este otoño y la suerte parece que le hubiera favorecido de una forma incómoda.”
–  “Desde luego es un motivo indeseable” – Añado.
–  “Tú hablas un inglés excelente y además eres soltero por lo que creemos que no te sentirás tan atenazado por ciertos riesgos que conlleva este destino. India es ahora un territorio en conflicto, se están desarrollando acontecimientos que podrían desembocar en su independencia y queremos informar a nuestros lectores desde la vivencia y no a través de crónicas de corresponsales ajenos.”
–  “¡Fantástico!”. – exclamé exhultante -.
–  “Estaba casi seguro de que te entusiasmaría. Vuelas el jueves 27 a Londres y en el aeropuerto te recibirá Nola Donovan del Daily Telegraph. Al día siguiente os uniréis a un grupo de colegas para volar via Roma hasta El Cairo para enlazar con un vuelo procedente de Johannesburgo que os llevará directamente a Nueva Delhi. Como ves, un intenso y largo periplo”.
–  “Si la señorita Donovan me acompaña, lo resistiré.” – Esbozo una pícara sonrisa.
–  “Me alegro por ti, es una gran oportunidad y estoy seguro de que harás un gran trabajo.”
–  “Aprecio vuestra confianza, pondré todo mi empeño en haceros llegar la información más relevante y amplia de lo que allí suceda.”

El vuelo desde Barcelona ha sido tranquilo y una ligera lluvia me ha recibido al bajar del avión. Estoy en un taxi con Nola Donovan camino del hotel. Realmente mi suerte ha cambiado. Nola es una guapa irlandesa cuya conversación ya me ha cautivado.

Es la segunda vez que vuelvo a esta ciudad tras la guerra y me alegra comprobar que está recuperando su fisonomía. Dudo que vuelva a ser la misma que pude admirar a los 19 años, durante la que fué mi primera visita y también mi viaje bautismal al extranjero. Aquel Londres victoriano era un mundo dentro del mundo.

Cenar con Nola ha sido un incentivo extra que no esperaba. Es encantadora y muy inteligente, aunque reconozco que prefiero recordar sus ojos esmeralda, sus mejillas salpicadas de suaves pecas, unos labios de color indescriptible y un cabello que enloquecería al rey Arturo.

De nuevo en el aeropuerto. Entre los colegas con quienes viajaremos he simpatizado especialmente con Piero Conti de Corriere della Sera y con Edmon Kabid, un inglés de padre hindú que vuelve a India como nuevo jefe de prensa de la embajada británica.
Tras casi  tres días de agotador viaje hemos llegado a nuestro destino. La humedad es insoportable y es la causa de que mi camisa se convierta en una segunda piel. Vamos directos al hotel, necesito un baño y descansar antes de afrontar mi nueva vida.

Es mi primera mañana en Delhi. El hotel se halla en un promontorio, es una zona exclusiva para residentes extranjeros. Salgo a la terraza , cierro los ojos, inspiro profundamente, mi cerebro se mistifica con una invasión de aromas que colapsan mi pituitaria. Los abro y miro lentamente de izquierda a derecha el paisaje urbano que los primeros rayos de sol va perfilando desde el horizonte.

–  “¡ A la calle !”.

Durante estas primeras semanas vivo en una constante excitación. Delhi es un hervidero de actos políticos, investigo, entrevisto, escribo y envío las crónicas, asisto a todo evento al que me invitan y me he trasladado a un apartamento que Edmon me ayudó a encontrar.

Cuando me desplazo, mis sentidos siempre están en alerta, vivo en una constante excitación. Si algo o alguien concentra mi atención unos segundos, corro el riesgo de no ver cualquier otro lugar o personaje aún más singular. La ciudad es un océano de diversidad. Comienzo a sentir mi cuerpo en comunión con la vida como no lo había experimentado nunca.

Hoy es viernes, mientras desayuno reviso mi agenda . Esta tarde asisto a una recepción en la embajada norteamericana en honor a Nerhu , quien ha sido elegido por el Congreso como primer ministro de la que será muy pronto la India independiente.

Suena el teléfono, es Edmon para decirme que vendrá a buscarme con Nola a las cinco.
Llegamos a la Embajada y aguardamos nuestro turno para cumplir con el protocolario saludo a los anfitriones. Entramos en un majestuoso salón en uno de cuyos lados hay unas amplias puertas que dan acceso a los jardines. La estancia está decorada con tapices en las paredes que representan escenas de caza, el techo pintado de motivos florales con incrustaciones de piedras de colores, cristal de roca y lapislázuli y el suelo de mármol blanco resplandece y contrasta con los uniformes y vestidos de gala.

De repente me encuentro solo, veo como Nola y Edmond se pierden entre los asistentes. Tienen experiencia y saben que deben aprovechar un evento de esta naturaleza. Un sirviente me ofrece un cocktail, lo acepto, me ayudará a romper el hielo con la primera persona que me sonría y pondrá un poco de chispa a mi conversación.

Un cuarteto de cuerda con aspecto y atuendo nativo acompaña el murmullo con un vals.
Acerco la copa a mis labios y sobre la línea del cristal veo a Nola cruzando el salón. No me ha visto. Reacciono para abordarla y en mi impulso, golpeo de costado a una persona. Es un hombre menudo, casi esquelético, su cabeza apenas alcanza mi hombro. Parece que pierde el equilibrio y extiendo mi brazo para sujetarle evitando que siga el mismo camino de sus lentes, que ya han caído al suelo por el impacto. En el mismo instante que le pido disculpas repetidamente miro su rostro. Conozco a este hombre.

–  “Perdón, perdón, perdón… lo siento mucho.”

Al menos no le he derramado mi copa. El anfitrión que se halla cerca de la escena, acude en auxilio de mi “víctima”.

–  “Señor Gandhi, ¿está Vd bien? – Mientras recoge y le entrega las lentes”.
–  “Si, si, gracias. No ha sido nada. Entre tantas personas es fácil tropezar con alguien, hasta podría ser deseable.”

Una mezcla de vergüenza, temor y regocijo me sacude. Acabo de “agredir” involuntariamente al hombre más venerado de este país, al que incluso el propio Nerhu considera su maestro. El Mahatma, Gran alma, como sus seguidores le conocen está frente a mí. Le pido de nuevo disculpas con voz entrecortada y completamente ruborizado.

–  “No hay nada que disculpar joven, este es el incidente con menos consecuencias en el que me he visto involucrado en muchos años. Además, esta es una forma original de comenzar una conversación, ¿no le parece?.”

Y me regala una amplia y dulce sonrisa con la que me hace recuperar la serenidad.

–  “Estoy de acuerdo solo en esta ocasión, permítame Sr. Gandhi expresarle mi más alto reconocimiento y admiración, soy Samuel Costa corresponsal de La Vanguardia Española.”

El embajador interviene.

–  Sr. Samuel Costa le presento a Mohandas Karamchand Gandhi. Ahora están vds oficialmente presentados.

–  “¿ De España?” – me pregunta Gandhi.
–  “Sí, concretamente de Barcelona.”
–  “He leído mucho sobre España. Conocí Madrid cuando era estudiante de derecho en Londres, yo era un veinteañero que como todos ellos quería comerse el mundo. Déjeme recordar, creo que fué en 1890, Vd no había nacido aún. España debe haber cambiado mucho desde entonces.”
–  “Sí, desde entonces no solo España, toda Europa ha pasado por un periodo muy convulso y de grandes cambios, como Vd bien sabe.
Aunque los españoles no participamos directamente en ninguna de las dos grandes guerras, sí que sufrimos un enfrentamiento entre compatriotas durante tres años, en el que afortunadamente yo no participé. Mi familia había emigrado a Argentina siendo yo adolescente, mucho antes de comenzar el conflicto. Yo volví a España una vez terminada la guerra como corresponsal del diario argentino Clarín. Redescubrí mi ciudad natal y acepté una buena oferta para trabajar en mi actual periódico. Hoy tengo la fortuna de que aquella decisión me haya otorgado el privilegio de conocerle y conocer su fascinante país.”
–  “Recibo con humildad sus elogios y percibo que es Vd una persona sensible y noble. No le importa que le llame por su nombre de pila ¿verdad? Es un precioso nombre hebreo.
–  “Por favor, es un honor.”
–  “Gracias Samuel. Debe agradecer a su destino que le haya evitado la experiencia de participar en esa guerra. Pida a Dios que nunca haya de empuñar un arma.
La sola palabra guerra me produce un gran dolor. La guerra es el mayor fracaso de la Humanidad. Es por ello que estoy consagrado a extender mi mensaje de no violencia. La violencia es el miedo a los ideales de los demás.
Una guerra es aún más inhumana cuando los contendientes son personas cercanas, amigos o familiares. Ningún gobierno o ideología puede justificar la guerra como un camino hacia la paz, solo la paz es el camino. Cierto es que si con quien fué tu enemigo media una distancia es más fácil superar el trauma de la guerra; pero si aquel era y es tu vecino, entonces se requiere de un profundo acto de constricción colectivo, para eliminar cualquier atisbo de odio y realizar un gran esfuerzo de confraternización.
Samuel, recuerde que aquellos que recurren a la justicia del ojo por ojo, solo consiguen que todos acaben ciegos. Las ideas de una persona, de una tribu, de una nación no pueden estar nunca por encima del más virtuoso de los sentimientos, el amor fraternal. Lo único que nos libera de sufrir es el amor.”
–  “Bellas palabras Sr. Gandhi, sin embargo las naciones y las personas parecen condenadas a ensalzar más sus diferencias e intereses que lo que las une.”
–  “Dios no creó fronteras. Si para ello es preciso que transcurran varios siglos, no importa, la Humanidad acabará siendo una fraternidad de la diversidad.”
–  “Mahatma, me inclino ante su sabiduría”.

Comprendí entonces qué es lo que hacía de aquel pequeño hombre, una gran alma.
El embajador que se ha mantenido atento a nuestra conversación, interviene.

–  “Señor Costa, ¿no querrá acaparar para Vd solo al Sr. Gandhi?.”

Los tres mostramos una sonrisa de complicidad.

–  “Por último Samuel, soy viejo y vivo cada día como un regalo de Dios, así que si no tengo la fortuna de volverle a ver, voy a pedirle algo que está en su mano y en su voz. Escriba y hable sobre la paz, ante cualquier situación que incite a la violencia o la venganza, apele al sagrado don de la paz. No importa cuantos le escuchen o lean, hágalo y ponga todo su sentimiento en ello.”

Me despido de mi interlocutor e inclino mi cabeza para reverenciarle y sellar mi compromiso de que cumpliré su petición. Sus palabras ya forman parte de mi credo.

***************

Algunos meses después….

Hoy 15 de agosto asisto al solemne acto de proclamación de India como estado independiente, que por alguna causalidad que ahora no comprendo coincide con mi treinta y tres cumpleaños.

Más allá de las repercusiones que el día tendrá en la historia de esta nación y qué significará para el mundo, lo verdaderamente importante es que tendrá un significado personal y simbólico. Será el primer día de mi nueva vida. He renacido como ser humano aprendiendo y abriendo mi mente a horizontes que no había imaginado. El verdadero Samuel ha tomado el mando del barco de mi vida. La energía que comenzó a gestarse en mi interior tan pronto puse mi pié en este país me ha transmutado. Soy parte de un Universo al que contribuyo a expandir cada día con mis acciones y pensamientos.

Me gustaría compartir este momento con quien me puso en este camino. Muchas gracias Rovira.

Samuel Costa

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