Corromper a través del “arte”.

 “Ellos no descuidan nada, por más pequeña e insignificante que sea su apariencia y que, directa o indirectamente tienda a degradar a la humanidad; ellos inyectan insidiosamente su veneno en el mundo de las Artes y, en esa forma convierten a esos maravillosos poderes que han sido creados para elevar y espiritualizar a la humanidad, en poderosos instrumentos para la corrupción y contaminación de los hombres.

El Arte, que debería elevar nuestro pensamiento hacia la libertad, hacia la gloria, hacia el inefable esplendor de los más altos planos, es ahora execrable en vez de ser santificado, en forma que arrastra a los desventurados admiradores de un arte corrompido hacia el fondo de un estanque de pestilente lodo.

Hoy, estos Señores del Lodo, planean con gran habilidad imponer subrepticiamente al mundo, su culto insidioso y del más pésimo gusto, de fealdad deliberada, bajo la máscara de lo novedoso y del seudo progreso y, es ciertamente nuestra obligación, como servidores de la buena Ley, ponernos especialmente en guardia contra todo esto. Nosotros no podemos ser cómplices de estos males y, necesitamos tener una mente clara y una definida orientación hacia la pureza y la decencia.

Sabiduría, Fortaleza y Belleza, son los atributos esenciales de la Deidad; cualidades éstas que debemos tener presentes como ejemplo y, tratar de desarrollarlas en nosotros tanto como podamos, para imprimirlas en nuestro ambiente por todos los medios posibles. Existiría ahora en el mundo, un espíritu de intranquilidad, de perversidad, de impaciencia para todo lo antiguo, por más bello que fuese. Existe un loco deseo de cambiar todo a toda costa, aunque el cambio sea decididamente peor.

Ningún hombre sensato negará que hay mucha perversidad actualmente en el mundo y, en muchos sentidos es necesario efectuar algún cambio urgentemente, aunque esto deba ser hecho con discernimiento. Los Poderes del Mal están siempre en acecho, esperando ansiosamente la oportunidad de hacer el mal, de entorpecer nuestros adelantos, de manera de poder tomar ventaja de todos los impulsos nuestros que sean factibles de torcerse en una dirección maligna.

Hoy podemos observar la traicionera influencia de esos poderes, no solamente en el arte, ya sea éste pintura o escultura, sino que en aquello a que se da el nombre de música; en la poesía que no es tal poesía; en la danza; en el culto inmoral de lo macabro y de lo intencionadamente grosero, burdo y feo. Es en todas esas cosas y en muchas otras, que aquellos que conocen pueden ver claramente las señales de un vasto complot cuidadosamente organizado y tanto más peligroso cuanto hábilmente disimulada su depravación, bajo la máscara de la moda, de la novedad y del modernismo.”

Charles Webster Leadbeater (1854-1934)

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