La elección de Hércules

Hércules, veo que estas aún dudando acerca del camino que has de seguir en tu vida. Si me quie­res tomar por amiga te llevaré por el camino mas fácil y agradable, gustarás de todos los placeres, vivi­rás libre de penas. Y ante todo no tendrás que meterte en guerras, ni en negocios; consistirá tu ocupa­ción en estudiar qué manjares te agradan más, qué bebidas te delei­tan, que cosas pueden dar goce a tus ojos y oídos, cuáles otras a tu olfato y tacto; qué tratos y  con que doncellas te será mas delicioso yacer, de que manera dormirás mas suavemente y de que modo, en fin, con un mínimo de trabajo gozarás de todo esto. Si en  alguna ocasión tienes miedo de carecer de estas cosas, no se agiten por eso tus alegrías, ni temas verte forzado a trabajar y sufrir, con cuerpo y alma, para procurártelas. No; te aprovecharás de los demás, y en nada tendrás que refrenar tus apetitos  de lucro. Porque a mis amigos les doy autoridad de sacar partido de todo.

Ha­biendo oído todo esto, Hércules, le contestó:

Mujer, cuál es tu nombre?

Mis amigos –dijo ella-. me llaman Felicidad; mas los que me odian, por ofenderme  me llaman Maldad.

Mientras tanto llegó la otra mu­jer y dijo:

También yo vengo a ti. Conozco a tus padres, y desde que naciste me sé de memoria tu rostro. Así que espero que, si si­gues mi camino, llegarás a ser un día ilustre administrador de bellas y glo­riosas hazañas, y que yo seré mas honrada a los ojos de los buenos. No te engañaré con promesas de placer; te expondré, por el contra­rio, la verdad, tal como los dioses lo han dispuesto. Todo lo  honesto y bello en realidad,  de verdad, dis­pusieron los dioses darlo a los hom­bres en pago de trabajos y cuidado. Pero si quieres que los dioses te sean propicios, es menester que les rindas culto debido; si quieres ser querido por los amigos, es preciso que seas amigo y bienhechor a la vez; si deseas ser honrado por una ciudad, es menester que la ayudes; si anhelas el que la Grecia entera admire tu virtud, has de intentar hacerle bienes; si pretendes que la tierra te de frutos en abundancia, es preciso que cultives la tierra; si prefieres enriquecerte con ganados, de­berás cuidarlos; si aspiras a ser gran guerrero, si quieres la libertad de tus amigos y echar mano a tus ene­migos, habrás de aprender el arte de la guerra con los que la saben y ejercitarte poniendo en practica sus enseñanzas. Si quieres ser robusto de cuerpo, has de acostumbrar a tu cuerpo a someterse a  trabajos y sudo­res.”

Y tomando la palabra,  Maldad dijo:

Com­prendes ahora, Hércules, que peno­so y largo es el camino de felicidad que esta mujer acaba de trazarte? Yo, por el contrario, te conduciré al mismo fin  por uno mas bre­ve y fácil.

A lo cual contestó la Virtud:

Mi­serable, ¿qué bienes podrás llegar a poseer o qué placeres, ya  que no quieres esforzarte  para alcanzarlos? De todas las cosas te sacias aún antes de desearlas: porque comes sin  tener hambre, bebes sin tener sed; vas a la búsqueda de cocineros, para poder comer sabro­samente; a fin de beber con deleite te procuras vinos caros, y durante el verano corres a todas partes en busca de frío; para poder gozar sueño agradable, te provees no so­lamente de cobertores suaves, sino de lechos mullidos. Y  no es la fatiga, sino la ociosidad,  la que te hace desear el sueño. En amores, provocas la necesidad antes de ex­perimentarla; empleas mil artificios; igual te sirves de hombres que de mujeres. Esta es la manera que tie­nes de educar a tus amigos; los de­gradas por la noche; usas para dormir las mejores horas del día. A pesar de que eres inmortal, has sido desterrada por los dioses, y eres des­preciada por los hombres de bien; nunca oíste el sonido mas agrada­ble de todos: la ala­banza; y jamás has contemplado el mas delicioso de los espectáculos, que es el de bella acción hecha por uno mismo.

¿Quien creerá tus engaños? ¿Quién acudirá a tu socorro en tiempos de  necesidad? ¿Qué hombre sensato se atreverá a formar parte de tu séquito? Los que te siguen, tus amigos y admiradores,  si son jóvenes, ya son impotentes; si viejos, tienen el alma embrutecida; la pereza y la ociosidad los engor­dan en la juventud; y vejez traba­josa los enflaquece. Avergonzados de lo que han hecho, apesadumbra­dos por lo que tienen que hacer, fueron de placer en placer,  durante su primera juventud; para que al final de sus vidas no les quedan sino las penas.

Yo, por el contrario, estoy habitualmente con los dioses; ando con las gentes de bien; ninguna ac­ción bella, ni divina ni humana, se hace sin mi; recibo, mas que nadie, de hombres y dioses legítimos ho­nores; colaboradora querida soy del trabajador; fiel guardiana de la casa del señor; protectora benévola del empleado de otros; buena ayudadora en los trabajos de tiempos de paz; aliada constante en los de guerra; óptima compañera en la amistad. Mis ami­gos gozan con placer y sin trabajos comida y bebida; porque aguardan el apetito para comer y beber. El sueño les es más agradable que a los ociosos; lo  interrumpen sin pena –si es menester que lo hagan. Los jóvenes se felicitan por los elogios de los viejos; y los viejos reciben con agrado las muestras de respeto de los jóvenes; les agrada recordar las pasadas acciones; y les es pla­centero realizar las presentes. Por mí se hacen amables a los dioses, que­ridos para sus amistades, honrados para sus patrias respectivas,  y cuan­do llega la hora fatal, no descansan sin honra y con olvido, sino que su memoria florecerá celebrada con himnos eternos. He aquí, pues, Hércules, hijo de buenos padres, con que trabajos podrás conseguir la mas bienaventurada felicidad.”

Nicolas Poussin - La elección de Hércules

“La elección de Hércules” de Nicolas Poussin

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