El Camino tiene un sentido único.

“Bastante antes de haber alcanzado el Camino, aquel que se ha comprometido en un sendero debe saber que se trata de un viaje sin retorno. Esto se traduce, generalmente, como lo hemos hecho, diciendo que el Camino tiene un sentido único. Esto es exacto, porque aquel que se lanza en la aventura que es la búsqueda del Camino, no podrá volver más al estado en que se encontraba antes de la partida.

La Palabra de Verdad es una palabra viviente y trabaja en aquel que la ha gustado, mismo cuando no se preocupe por ello. Sabiendo esto, es necesario reflexionar bien antes de tomar el sendero que conduce al Camino. Pero para aquel que ya se ha comprometido en él, debe ser desterrada toda duda. La firmeza es entonces indispensable. A alguien que quería seguir al Cristo le dijo:

“cualquiera que ponga la mano en el arado y mire hacia atrás, no es propio del reino de Dios.”

Repitámoslo: el Camino tiene un sentido único. Para aquel que marcha sobre él, la salvación se encuentra delante suyo, jamás detrás.

(…)

Es decir que para aquel que se compromete en él, el camino de retorno está prohibido. No en virtud de cualquier imperativo externo, sino por el hecho de que cada paso en el Camino modifica irrevocablemente el contenido interior de quien se ha comprometido en él. A consecuencia de ello deviene, de más en más, extraño a su entorno; pierde de más en más su interés por la vida exterior, en la que ayer todavía participaba plenamente. El aspecto de las cosas y sobre todo de los seres, sufren a sus ojos un profundo cambio. Un día se sorprenderá de constatar que ciertos rostros en los cuales todavía ayer, encontraba una gran belleza, dejan ahora transparentar marcas de bestialidad. No todos, pero muchos.

Cuanto más progresa el hombre sobre el Camino, más se acentúa en él un sentimiento de ser extranjero. Pronto se volverá fastidioso; un poco más tarde, insoportable; finalmente odioso. Es por eso que “el profeta es despreciado en su patria, entre sus parientes y en su casa.” La indicación es precisa, no deja lugar a dudas. Aquel que quiere comprometerse en los estudios esotéricos es invitado a reflexionar dos veces y a sopesar todo antes de lanzarse a franquear el umbral.

Porque, repitámoslo, no le será más posible volver a la vida exterior y encontrar allí, como en el pasado, satisfacción y placeres. De todas formas, al lado de las dificultades que son los primeros resultados de su evolución, el hombre recibirá impresiones reconfortantes sobre todo en sus relaciones humanas. Se sorprenderá de percibir un día que ciertas caras que todavía ayer le parecían ordinarias, resplandecen hoy a sus ojos de una belleza deslumbrante. Es porque su mirada, agudizada por el trabajo esotérico, adquiere la facultad de penetrar más allá de la corteza. Es entre esos seres más límpidos que encontrará sus nuevos amigos. Su sociedad lo recibirá como uno de los suyos. Allí será comprendido, y la comunidad de intereses y objetivos será para todos una ayuda y un estímulo.”

cap. XV, El Camino, tomo I de Gnosis, Boris Mouravieff

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