El destino de la almas.

” Las almas estaban a punto de ser encarceladas en cuerpos, a lo que algunos suspiraron y se lamentaron, como cuando un animal salvaje y libre es de repente encadenado, en el primer momento de sujeción de servidumbre y ruptura de los estimados hábitos de la jungla, lucha y se rebela, rechazando seguir a su conquistador, y si la ocasión se presenta, matándolo. Otros, en cambio, silbaron como serpientes, o dieron rienda suelta a los gritos más desgarradores y a las palabras más afligidas, mirando sin esperanza de arriba a abajo.

“Grandes Cielos”, dijo uno, “principio de nuestro nacimiento, éter, aires puros, manos y sagrado aliento del Dios soberano, y vosotras, estrellas brillantes, ojos de los Dioses, incansable luz del Sol y de la Luna, nuestro temprano hermano, ¡qué dolor, qué rendición es esta! ¿Debemos abandonar estos grandes y fulgentes espacios, esta esfera sagrada, todos estos esplendores de la empírea y feliz república de los Dioses, para ser precipitados en estas viles y miserables moradas? ¿Qué crimen, Oh malditos, hemos cometido? ¿Cómo podemos habernos merecido, pobres pecadores que somos, los castigos que nos esperan? Contemplad el triste futuro preparado para nosotros – ¡estar sometidos a las necesidades de un cuerpo disoluble y fluctuante! ¡Nunca más distinguirán nuestros ojos las Almas divinas! Difícilmente entre estas esferas acuosas percibiremos, con suspiros, nuestro cielo ancestral; durante intervalos incluso dejaremos de verlo. Mediante esta desastrosa sentencia se nos niega la visión directa; sólo podemos ver con la ayuda de la luz externa; no son más que ventanas que poseemos– no ojos. Y no será nuestro dolor menor cuando oigamos en el aire el suspiro fraternal de los vientos con los que ya nunca más podremos mezclar los nuestros, ya que estos tendrán como morada, en vez del mundo abierto y sublime, la estrecha prisión de nuestro pecho. Tú, que nos conduces a esto y que provocas que un sitio tan alto descienda tanto, pon límite a nuestros sufrimientos. ¡Oh Maestro y Padre, tan pronto te vuelves indiferente a tu Trabajo, pon término a nuestra penitencia, dígnate a darnos unas últimas palabras, mientras podamos aún contemplar la expansión de las esferas luminosas!”.

Esta plegaria de las Almas fue concedida, hijo mío Horus, ya que el Señor estaba presente, y sentado en el trono, les habló así:

“Oh Almas; debéis estar gobernadas por el Deseo y la Necesidad; después de mí, estos deben ser vuestros Maestros y Guías. Almas, subordinadas a mi cetro que nunca falla, sabed que siempre que os mantengáis sin tacha habitaréis las regiones de los cielos. Si entre vosotros encontramos a alguno que merezca reproche, habitará la morada destinada a él en organismos mortales. Si vuestras faltas son leves, deberéis, salvados de los lazos de la carne, volver al cielo. Pero si os convertís en culpables de un crimen mayor, si os apartáis de los fines por los que habéis sido creados, entonces no habitaréis ni en el cielo ni en los cuerpos humanos, sino que pasaréis a los de los animales sin razón”.

Habiendo hablado así, Oh hijo mío Horus, él respiró sobre ellos y dijo “No se debe a la suerte que haya ordenado vuestro destino; si actuáis mal, será peor; será mejor si vuestras acciones son acordes a vuestro nacimiento. Seré yo y no otro quien será vuestro testigo y juez. Entended que es por vuestros errores en el pasado que debéis ser castigados y encerrados en cuerpos humanos. En cuerpos diferentes, como os he dicho, vuestro renacimiento será diferente. La disolución será un beneficio, que restaurará vuestra anterior condición. Pero si vuestra conducta no es merecedora de mí, vuestra prudencia, volviéndose ciega y guiándoos hacia atrás, os llevará a considerar buena fortuna aquello que en realidad es una reprimenda, y temer algo mucho mejor como si fuera una injuria cruel. Los más justos de vosotros deberán en sus transformaciones futuras aproximarse a lo divino, convirtiéndose entre los hombres, erguidos reyes, verdaderos filósofos, líderes y legisladores, verdaderos videntes, recolectores de plantas saludables, astutos músicos, astrónomos inteligentes, sabios augures, instruidos ministros: todos hermosos y buenos cargos; como entre los pájaros son las águilas que no buscan devorar a aquellos de su misma clase, y no permiten que los más débiles sean atacados en su presencia, porque la justicia está en la naturaleza del águila; entre los cuadrúpedos, el león, porque es un animal fuerte, indomable por el sueño, en un cuerpo mortal y que realiza trabajos inmortales, y por nada se cansa o se deja engañar; entre los reptiles, el dragón, porque él es potente, de larga vida, inocente, y amigo de los hombres, se deja domesticar, sin tener ningún veneno, y muere a mucha edad aproximándose a la naturaleza de los Dioses; entre los peces, los delfines, porque esta criatura tiene piedad de aquellos que caen al agua y los lleva a tierra si continúan vivos, y se abstiene de devorarlos si están muertos, aunque es el más voraz de todos los animales acuáticos”.

Koré Kósmou – La Vírgen del Mundo (primer escrito hermético que se conoce, incluido en el Corpus Hemeticum de Hermes Trimegisto).

Leer La Vírgen del Mundo de Hermes Trimegisto

Leer el Corpus Hemeticu de Hermes Trimegisto

Imagen: La pesca de almas, de Adriaen Pietersz Van De Venne (1589-1662, Holanda)

Clic sobre la imagen para ampliarla.

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