No te engañes, no estás espiritualizándote si…

No caigas en el autoengaño. No estás consiguiendo empoderarte de tu Ser, de tu Esencia, de tu Espíritu, si…

Tienes sobrepeso y no haces nada con la suficiente constancia para perderlo

No caminas de forma erguida intentando conseguir el pleno control y consciencia de tus movimientos.

Dices palabras malsonantes y no te muerdes la lengua cada vez que lo haces hasta conseguir evitarlo.

En público, bostezas enseñando la campanilla.

No consigues controlar más y mejor tus impulsos más primarios.

No eres capaz de permanecer en soledad un día completo en plena naturaleza, y por contra, no te molesta el ruido y te adaptas o encuentras bien en una aglomeración.

Te quedas embelesad@ frente  a un escaparate comercial.

Te mantienes alerta y prestas más atención a tu teléfono que a tus hijos cuando los vas a buscar al colegio o guardería, o cuando estás en una conversación con una amistad o pareja.

Te dejas abatir fácilmente ante cualquier perturbación anímica.

Crees ciegamente que tu religión es la verdadera.

Niegas todo lo que no esté “en regla” con tu iglesia, escuela o grupo espiritual.

No sabes con absoluta claridad y certeza por haberlo experimentado, que la mística es la vivencia en y  de lo invisible, y no un estado de consciencia exclusivo de ascetas y santos.

Piensas que la ciudad o la nación en la que has nacido es “superior” y te envuelves en su bandera.

Sigues defendiendo una ideología y no te has dado de baja de tu partido político.

Te afecta que tu equipo deportivo pierda ante su “eterno rival” , y si vas a verlo te dejas llevar por el fanatismo y la pasión.

No estás dispuesto a privarte o renunciar a pequeños placeres mundanos,  menos aún a los grandes, y justificas tus “pequeños vicios” como el tabaco.

Crees que tus títulos académicos o universitarios te dotan de “poder” sobre los demás, y les “obligan”  a dar prevalencia a tus opiniones.

Aceptas de buen grado, que un grupo de “financieros” consigan poder y una vida privilegiada, a costa de tus ahorros y tu endeudamiento.

No eres consciente de que cuanta más tecnología disponemos, menos salud tenemos;  que el número de patologías físicas y sobre todo psíquicas, ha ido creciendo tanto o más que el que denominamos genéricamente como progreso.

Llenas tu perfil de Facebook (u otros) de imágenes “fascinantes y/o fantásticas” junto a frases “atribuidas” a  personas de las que no sabes nada.

Hay muchos síntomas más, y tienen como común denominador que para todos encuentras justificación, y que apelas a la comprensión y tolerancia ajena para no afrontarlos.

Subrayar que si se ha “caído” en lo anterior y se pretende “enseñar” a los demás cómo espiritualizarse, se comete un doble y grave error, del que el Espíritu advertirá y si es necesario lo hará por la vía correctiva disciplinaria.

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