Disciplina y tolerancia

Dos palabras, disciplina y tolerancia, que encierran  la causa, quizás la principal, del porqué el humano degenera.

La disciplina necesaria para dominar a la bestia cuerpo y a la insaciable, indolente e inestable alma, pero cuyo significado y aplicación han sido limitados al acatamiento de los dogmas y normas del Sistema que “ordena” este mundo, cuando no, a sinónimo de intransigencia.

¿Qué es disciplina?

Compeler, obligarse y obligar, mediante la autoridad y guía de la conciencia, a que la voluntad se dirija hacia la rectitud y virtud de pensamiento, sentimiento, palabra y  obra, hasta cristalizarlo de forma inmanente, unidos e inseparables en si y a si mismo.

¿Se puede evitar ser “asaltado” por pensamientos y sentimientos indeseables?

No, pero se puede y se debe no consentir mediante la voluntad, que esos pensamientos y sentimientos arraiguen, dominen e induzcan palabras y acciones indeseables:

Sentir, pero no consentir.

La disciplina es inherente a la voluntad; debilitada una, debilitada la otra.

¿De qué modo se ha conseguido debilitar la voluntad y la disciplina?

Mediante la tolerancia.

El concepto y sentimiento de tolerancia que se nos impone y hasta exige, esconde una “trampa”, una sutil forma de auto-engaño, mediante la que se facilita o se justifica la escasa o nula voluntad para disciplinarse y/o disciplinar. Para coadyuvar esa debilidad, siempre aparecen argumentos que apelan a la comprensión de los demás, de forma recíproca, “no me lo tengas en cuenta, que yo haré lo mismo contigo”. De este modo se consigue “igualar” a la inmensa mayoría, en niveles mínimos de voluntad y disciplina para perfeccionarse y perfeccionar.

Si los “Amos” de este Mundo impulsan y aplauden la tolerancia, no es para beneficiar, sino para beneficiarse. Han hecho de la tolerancia una eficaz herramienta de corrupción y perversión de la persona que no posee suficiente voluntad para autodisciplinarse, para oponerse, no consentir, decir NO a lo perjudicial, insano o inmoral; han conseguido hacer de la tolerancia una “vía para el hundimiento”

Para quien lo confunda, tolerancia no es lo mismo que respeto. Se puede y se debe respetar a la persona que llevada de la tolerancia cae en el error. Se puede y se debe ser intolerante con el error de esa persona, y ayudar para que por si misma pueda corregirlo y corregirse.

Sin disciplina, sin autodisciplina, no se logra el autoperfeccionamiento: no hay desarrollo armónico del cuerpo, ni progreso consciente del alma, ni evolución conciente espiritual; como no hay ni puede haber verdadera libertad, justicia y fraternidad. El humano siempre se ha inclinado por lo fácil y cómodo, por “fórmulas y propuestas” falaces que le eviten la disciplina, pero es muy evidente, que lo único que consigue es aumentar y/o perpetuar su estado, problemática y confusión.

disciplina

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