Del derrumbamiento al despertar.


“Ya hemos indicado más de una vez que la mayor parte de las personas pertenecientes a la capa culta de nuestra sociedad y que se interesan seriamente en los estudios esotéricos, han sufrido en su vida, bajo una forma u otra, un derrumbamiento interior. A menudo este derrumbamiento los destruye. Sin embargo, algunos, después de haber pasado por una falla se vuelven a poner de pie. Es el caso de las personas aptas para el trabajo esotérico.

Desde este punto de vista el valor de la falla moral reside en el hecho de que aquel que la ha sufrido puede reconocer, no más teóricamente, sino por experiencia y con el corazón desgarrado, la futilidad de la felicidad quimérica, de la suficiencia “burguesa” y del orgullo humano. Además esta falla es un excelente punto de partida para la búsqueda del Camino que conduce a la Vida.

A veces, sin embargo, el hombre busca “rehacer su vida”. Cree, a pesar del fracaso, poder hacerlo mejor. Teniendo en cuenta la experiencia adquirida y analizada lúcidamente, piensa poder adquirirla. Pero no es más que una nueva ilusión que, generalmente lo conducirá a un nuevo fracaso. Lo que por otra parte es rigurosamente lógico, en tanto que esta nueva experiencia no comporta nada de realmente nuevo: bajo una forma distinta, se repite siempre la misma “aventura”. Conducido por la presión psicológica que la Ley General ejerce sobre él, no reflexiona el hecho de que el antiguo camino no puede más que conducirlo al antiguo resultado.

De todas formas se encuentran frenéticos que recomienzan a pesar de todo y en ocasiones muchas veces. Se contentan con la aventura en sí misma, de la cual toman el desarrollo por la meta, no sabiendo que la novela puede tener una meta real, aunque mucho más elevada y bella que un flirt o aún un matrimonio que demasiado a menudo se muestra como la tumba del amor. Al lado de estos “entusiastas” se encuentran personas que después de una o numerosas experiencias negativas, terminan por percibir sin embargo, el lado diabólico del engranaje en el cual están presos.”

(…)

” Cuando el hombre parte en busca del Camino, eso significa por lo general que algo se ha derrumbado en él. Salvo en casos excepcionales ese desmoronamiento está precedido por una desestimación de los valores morales que pierden a sus ojos el precio que antes les había atribuido. Esa misma reestimación es provocada por la acumulación de los choques, más o menos violentos, que hacen nacer las emociones negativas.

Es necesario ser un justo, puro por naturaleza, y no haber sido manchado por la vida para que las emociones positivas y el éxito conduzcan hacia el trabajo esotérico. Para el común de los hombres, el éxito y la felicidad en lugar de servir para despertar, los hacen caer en el sueño mental. El éxito, se dice, da vueltas la cabeza. Desde el punto de vista esotérico, los choques desagradables son una base de trabajo mejor que los azares felices. La humildad exigida por la Tradición es requerida justamente para servir de pantalla contra las influencias nocivas a las cuales el menor éxito exterior expone al hombre. Sin embargo, aquí como en todas partes es necesario evitar los extremos. Toda cosa, dice San Isaac el Sirio, es adornada por la mesura. Desmesurado, hasta lo bello toma un aspecto deforme.

El derrumbamiento interior trae ciertas consecuencias. El hombre comienza a ver las cosas bajo un aspecto distinto. Los efectos diametralmente opuestos pueden resultar de ello. Si el hombre es suficientemente fuerte e imparcial, no bajara los ojos delante de la implacable realidad. Tendrá el coraje de ver las cosas de frente y admitir las constataciones que se imponen, tan desagradables como ellas sean. Si tal es el caso, eso significa que está firmemente comprometido sobre el camino de Acceso al Camino. Por el contrario, si el hombre es débil, esta experiencia lo debilitara más todavía. La ley es formal: se dará a aquel que tiene, pero a aquel que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Si el hombre no acepta su situación y en particular su estado interior tal como se le aparece a favor de los esclarecimientos que brinda la conciencia del Yo real, si se obstina contra toda evidencia en justificar a su Personalidad atrincherándose detrás de la lógica, la legitimidad, la justicia, entonces el volverá la espalda al camino de Acceso y se hundirá todavía mas en la jungla.

Repitámoslo: no se puede alcanzar el camino de Acceso al Camino sin haber pasado previamente por una falla interior, por un derrumbamiento moral. A menos de ser un justo. Pero eso es demasiado raro.”

Gnosis, Boris Mouravieff

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