El magnetismo entre la mujer y el varón.

“Todo lo sexual gira en torno de una cosa: el magnetismo etérico. En todo contacto sexual hay un gran intercambio de magnetismo entre el hombre y la mujer. Esta vibración magnética influye poderosamente en la felicidad o desgracia del individuo. Una persona que tiene una vibración magnética de mala suerte, pesimismo, desgracia e infelicidad la transmitirá en el momento de la unión.

El magnetismo es el que produce la atracción sexual y el “enamoramiento”, y esto es lo que representa el símbolo de Eros o Cupido. Es a causa de esto que muchos supuestos enamoramientos terminan en forma repentina al producirse la descarga magnética ya que el amor en su vulgar manifestación es solamente una embriaguez o saturación de magnetismo etérico. Por supuesto que esto no es el verdadero amor, solamente es una condensación magnética.

En el terreno de la atracción amorosa mientras más magnetismo posea una mujer, más atraerá al sexo opuesto, aunque su físico sea poco agraciado. Lo que se ha llamado “sex appeal” es el poder atractivo del magnetismo que se manifiesta en una forma invisible e impalpable. Es corriente ver mujeres muy bellas que no tienen poder atractivo sobre el hombre por carecer de magnetismo etérico sexual.

Hay personas que por herencia, por llevar una vida sana, y por disfrutar de mucho autodominio son grandes acumuladores de magnetismo, son verdaderos imanes naturales con poderes atractivos, tanto en lo económico como en lo sentimental.

Hay mujeres en cambio que viven siempre huérfanas de amor a pesar de ser agraciadas físicamente, porque les falta el poder magnético atractivo. Si llegan a contraer matrimonio no son capaces de retener al hombre por mucho tiempo y éste termina abandonándolas.

Voy a dar aquí algunas clases para que tanto hombres como mujeres puedan formarse un caudal de energía electromagnética que les ayude a triunfar en la vida.

El poder magnético sexual se pierde por tres cauces principales que es necesario eliminar a fin de que se produzca una gradual acumulación. Estos cauces son: emociones negativas, deseos desenfrenados, y estados imaginativos negativos.

Existe una estrecha relación entre el estado emocional y el instintivo. Una mujer que atraviesa por una crisis de celos, por ejemplo, está derrochando su magnetismo en forma desmedida, con lo cual pierde su atractivo ante el hombre y se envejece prematuramente, porque la vida se está yendo de ella. La mujer celosa, irritable y dominante expulsa toda su energía sexual a través del corazón quedando gradualmente vacía de atractivos.

Para que una mujer pueda atraer poderosamente a los hombres debe conseguir antes que nada un gran dominio sobre los sentimientos, a fin de que el corazón no disperse el magnetismo producido y acumulado por el sexo. Una vez alcanzado el dominio sobre su ser anímico debe alcanzar control sobre su ser instintivo y su imaginación. Logrado esto, tendrá todo al alcance de la mano. El hombre, por el contrario, debe dedicar preferente atención a la educación y dominio de su aspecto sexual, que es su punto débil o lado flaco.

En la educación de los deseos encontramos también una gran fuente de energía. Si una persona rehusa la satisfacción de un deseo en forma transitoria y logra mantener viva esta corriente de fuerza, consigue con esto aumentar su caudal de energía magnética. Ilustraré esto con un ejemplo: un sujeto recibe una muy buena noticia. Su primer impulso es correr a contársela a sus amigos y familiares. Si pospone conscientemente este deseo durante algunos días, acumulará cierta cantidad de magnetismo.

Imaginativamente es necesario lograr cierto estado de control que elimine los cuadros negativos y morbosos, dando cabida solamente al optimismo y la alegría.

El hombre que desea atraer a una mujer debe ser sincero, galante, comprensivo, fuerte pero sensible, masculino y viril. Debe tener una mente poderosa y despierta, ya que si en la mujer la belleza está en el físico y en el alma, en el hombre está en su inteligencia. Mientras más inteligente es un hombre más bello aparece a los ojos de una mujer.

La mujer busca antes que nada apoyarse en el hombre, en todo sentido y por lo tanto él debe estar presto a suministrarle la fuerza de la cual ella carece. El hombre y la mujer encarnan los dos grandes principios de Fuerza y Belleza.

La mujer que quiere atraer y retener a un hombre debe desarrollar las siguientes cualidades profunda femineidad, dulzura, comprensión y belleza del alma. Debe ser esposas amante, amiga, hermana y madre. En ningún momento debe sentirse el hombre atado a su compañera o privado de su libertad.

La clave de la felicidad en las parejas reside en la tolerancia mutua, estando más dispuestos a dar que a recibir.

Sin embargo, a fin de que pueda existir una perfecta armonía sexual en una pareja es necesario borrar o eliminar todas aquellas heridas instintivas y anímicas que han recibido en el transcurso de sus vidas. Éstas son las que causan el mayor porcentaje de fracasos matrimoniales. Es corriente, por ejemplo, ver al hombre que ha sido muy mimado por su madre en la niñez buscar una mujer que asuma dicho papel, a la que exige las mismas atenciones que la madre al hijo. También es común el caso de la mujer que busca un sustituto del padre. En esto influye mucho la primera experiencia sexual, que es la que marca el rumbo de la futura vida. El hombre que se ha iniciado con una prostituta por ejemplo, buscará al contraer matrimonio una mujer equivalente a las vendedoras de amor.

Si en el hombre es importante la primera unión sexual, en la mujer marca esta primera comunión el verdadero y decisivo rumbo que seguirá su vida posteriormente, marca su felicidad o desgracia, ya que la mujer en estado virginal es semejante a una página en blanco que estuviera esperando ser escrita.

Un caso muy común es aquél en que la mujer ha llegado muy ilusionada a la noche de bodas, pero que ha sido brutalmente poseída por un hombre instintivo y pasional, lo cual ha creado en ella una profunda aversión subconsciente al hombre. Si posteriormente busca la felicidad con otro, surgirá siempre el fantasma de su primera experiencia, que puede llegar a provocarle una completa frigidez.

Otra desviación de la libido muy frecuente en la mujer es el autoerotismo, o sea cuando busca excitarse a sí misma por medio de imágenes eróticas de celo para multiplicar el placer en el acto sexual. Lo mismo busca aquélla que provoca riñas para entregarse al hombre en el momento supremo y pasar bruscamente al deleite amoroso.

Todos estos refinamientos o complejos sexuales deben ser borrados del subconsciente por una higiene mental adecuada y por medio de una rígida autodisciplina. Cuando la voluntad no sea capaz de conseguir esto, debe someterse el afectado a una persona que sepa cómo borrar estas impresiones de sus neuronas cerebrales, lo que en casos difíciles puede lograrlo solamente un psiquiatra iniciado en el gran misterio de la mente.

Las imágenes eróticas de una mujer influyen de tal modo en su compañero que éste puede llegar a engañarla si la mujer lo imagina, ya que le traspasa su vibración imaginativa obligándolo a actuar así.

Una vez desaparecidas todas las grabaciones negativas se produce una unión natural, sana y equilibrada que es la única que lleva a la armonía y a la felicidad.

Otro caso que debo citar por la importancia que reviste, es el de la mujer masculina.

La masculinización se produce en una mujer cuando ésta se une a un hombre débil de carácter y ella es fuerte y dominadora. Poco a poco se va haciendo más activa y masculina, y el hombre, más tímido y apocado, ya que ella le va absorbiendo todo el magnetismo masculino dejándolo solamente con magnetismo pasivo o femenino. Lo masculino que esta mujer absorbe va desarrollando en ella marcadas características masculinas: fuerza, poder y dominio, agresividad, impulsividad, don de mando, audacia y decisión, y el hombre se va haciendo cada vez más femenino, hasta que llega el momento en que es incapaz de tomar decisiones y le entrega totalmente las riendas del hogar a la mujer. Si este matrimonio tiene hijos varones, también serán ellos víctimas de este torbellino de absorción en que se ha transformado esta mujer, y caerán totalmente bajo su influjo acusando marcadas características femeninas, ya que su magnetismo masculino ha sido tomado por la madre. Esta absorción puede llegar a conducir a estos niños a la inversión sexual.

Ni el hombre ni la mujer se dan cuenta de que exhiben en su carácter ciertos rasgos pertenecientes al sexo opuesto. El hombre, por ejemplo, muestra los siguientes aspectos que deberían ser privativos de la mujer: celos, indecisión, miedo, volubilidad, pasividad e histeria, por citar solamente algunos; la mujer, ansias de dominar al hombre, deseando transformarlo y poseerlo.

Todo esto oculta un gran secreto de los muchos relativos al magnetismo, y este secreto es que tanto el hombre como la mujer tienen un cierto porcentaje del sexo opuesto.

Los verdaderos y sinceros estudiantes sabrán comprender este arcano en toda su magnitud.

El correcto empleo del sexo es la base del desarrollo espiritual oculto. Causa lástima ver a todos aquellos aprendices de ocultistas que creen que basta cantar mantrams, hacer respiraciones yogas o entonar plegarias al altísimo para alcanzar la iluminación. Es sensible igualmente ver a aquéllos que buscan el desarrollo a través de ciertas tradiciones hindúes que imponen el celibato a los hombres, como medio de alcanzar supuestos poderes mágicos, terminando muchos de ellos por feminizarse o invertirse por haberse despolarizado magnéticamente.

Prosiguiendo con el tema de lo sexual es necesario denunciar el crimen que se comete contra criaturas durante el período de embarazo de la mujer, ya que ésta continúa teniendo relaciones sexuales con su marido después de haber quedado encinta.

Aquel ser que está dentro de la madre recibe en ese momento una fuerte corriente de energía sexual que queda profundamente grabada en su frágil naturaleza, provocando después de su nacimiento un despertar sexual prematuro y toda clase de desequilibrios emocionales, como asimismo la inversión sexual.

En este delicado período la mujer debería abstenerse de todo tipo de emociones fuertes, de disgustos y malos ratos y alejarse de ambientes depresivos. Es sensible que el hombre no haya estudiado a fondo el arte de mejorar su propia especie, dedicándose en cambio a perfeccionar algunas razas de animales.

Para terminar este capítulo daremos la clave del magnetismo sexual:

El hombre es lo activo, aquello que da, aquello que busca y necesita estar dando continuamente.

La mujer es lo pasivo que busca continuamente absorberlo o tomarlo todo dentro de ella para concebirlo.

Él es el creador y ella la coaguladora.

Estas dos fuerzas dan origen a una tercera que es el hijo.

De la unidad nace el Binario y posteriormente el ternario.

El Binario para alcanzar la perfección debe convertirse en unidad

Estudiando el magnetismo activo y pasivo, se llegará a comprender el verdadero sentido de la unión entre hombre y mujer.”

Darío Salas Sommer

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