Consagrarse a Ser o condenarse a No-Ser

Aquél que consagra su existencia a empoderarse de su Ser, fija su mayor aspiración en alcanzar la Verdad Absoluta, e intuye que lo logrará mediante la inteligencia lúcida y clarividente que emana de la conciencia; la virtud, que fortalece y asegura la perfección e inconmovilidad en la conciencia; y la rectitud, que disciplina y educa la voluntad desde la conciencia.

Por el contrario, aquél que opta por No-Ser, ambiciona la verdad relativa que más le convenga; de modo que se esforzará en optimizar el intelecto para obtener provecho de las dudas sobre lo “invisible”, aquello que no se puede probar empíricamente, y de la confusión sobre lo absoluto; se inclinará por la apariencia, la impostura, para sostener y justificar una limitada consciencia, en lugar de la virtud inmanente a la conciencia; y ejercerá el libre albedrío entre la laxitud, la indiferencia, la tolerancia o la transigencia que le evite los “problemas y molestias” de confrontarse consigo mismo o con los demás, en lugar de la rectitud que compele la conciencia.

Imagen: Hercules entre la Virtud y el Vicio. Gerard de Lairesse.

Hércules entre el Vicio y la Virtud. Gerard De Lairesse. (1640-1711)

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