Mentirse, inconcebible, inadmisible.

” La facultad de mentir es el tercer elemento constitutivo de nuestra vida fáctica que ayuda sustancialmente a ésta a proporcionar esa apariencia de continuidad.

Podemos comprender sin dificultad el rol que desempeña la facultad de mentir si tratamos de representarnos lo que sería nuestra existencia en caso de que esta posibilidad nos fuera negada. Los choques y conflictos que deberíamos enfrentar nos harían la vida imposible. En este aspecto las mentiras sirven de topes, como los topes de los vagones de ferrocarril sirven para amortiguar los choques. Es así como la facultad de mentir hace menos contradictoria nuestra vida y contribuye eficazmente a darnos la impresión de continuidad.

Una vez más nos encontramos ante el hecho de que nos atribuimos facultades que sólo poseemos como posibilidades a desarrollar. Tenemos la pretensión de ser veraces. Pero decir la verdad y vivir en la verdad es una posibilidad que sólo podrá ser real mucho más tarde, como consecuencia de un trabajo asiduo sobre nosotros mismos. Entretanto estamos condenados a mentir y el que lo niega está atestiguando la dificultad en que nos encontramos para mirar la verdad de frente.

Debemos detenernos un momento en la cuestión de la mentira, cuestión de gran importancia sobre la que volveremos más de una vez. La facultad de mentir es función de la capacidad de imaginar lo que es, a su vez, una facultad creadora, ya que antes de crear algo será preciso imaginarlo. Este don pertenece exclusivamente a los humanos, los animales no disponen de él. Gracias al don de la imaginación, don divino, tenemos nosotros la facultad de mentir. Mentimos por motivos diversos, en general porque deseamos mejorar situaciones que nos parecen insostenibles o difíciles de aceptar. La mentira abre entonces  el camino a mecanismos de racionalización o de justificación que son los agentes de los emplastos internos. Veremos más adelante cómo las líneas de conducta de las personas de nuestro entorno se entrecruzan y provocan en las relaciones humanas choques que dan origen a situaciones difíciles, a veces insolubles, verdaderos nudos gordianos. En esos momentos, con la mejor buena fe, recurrimos a la mentira.

La actitud de la Doctrina esotérica frente a la mentira es clara y realista. No pide que se deje en el acto de mentir. Nadie podría sostener un tal compromiso. Pero si bien el hombre no puede no mentir a los demás, no sucede lo mismo en lo que a él concierne. Se le pide entonces, expresamente, que cese de mentirse a sí mismo. Se trata de una exigencia formal cuya razón se comprende fácilmente. El objetivo del trabajo esotérico es marchar hacia la Conciencia, es decir hacia la Verdad. Sería una contradictio in objecto querer aproximarse a la verdad mientras se continúa mintiendo, creyendo en las propias mentiras.

Hay que destrozar sin piedad cualquier intento de mentirse a si mismo. En este punto no se tolerarán convenios de partes ni se admitirán excusas de ninguna índole. Y puesto que en nuestra actual situación no podemos vivir sin mentir a los demás, debemos en todo caso ser conscientes de nuestras mentiras.

Hay todavía otra recomendación que hacer en este campo. En el conjunto de las mentiras a los demás debemos ejercitarnos para distinguir las que son indispensables, inevitables o simplemente útiles, de las que no lo son en absoluto. La Doctrina pide a quienes la estudian que se luche enérgicamente contra las mentiras inútiles.

Sólo mediante un entrenamiento de esta naturaleza se llegará progresivamente a dominar en sí la tendencia a mentir. En cuanto a los intentos de forzar las cosas en lo que concierne a la mentira de los demás, están de antemano destinadas al fracaso, porque vivimos en un mundo hundido en la mentira y movido por la mentira. Es interesante observar que el Decálogo, que impone al hombre los mandamientos a observar, sólo le prohíbe mentir en un pequeño sector de las relaciones humanas, el del falso testimonio, e incluso sólo cuando está dirigido contra su prójimo.

La costumbre de mentirse a si mismo está desarrollada desde la infancia y es preciso luchar contra ella con todos los medios disponibles. Una de sus variantes se encuentra muy difundida, por aparecer a primera vista como una actitud positiva, que se adapta a no importa qué caso, tanto en el lenguaje hablado como en el escrito, en una conversación mundana o en una tesis de doctorado. Esta actitud se traduce por la expresión: sí, pero … Su uso, en si, no implica nada nocivo; por el contrario, es útil y hasta indispensable en las discusiones y controversias y debates donde se hace tanto uso de ella.

Ahora bien, aplicada a sí mismo con el objeto de suavizar un choque o de recuperar la paz interior luego de una transgresión, o para excusar sus acciones o sus defectos, esa locución se cristaliza en nosotros para crear con el tiempo un verdadero mecanismo auto-tranquilizador. Cabe observar que sus efectos no tienen ninguna comparación con los de la sangre fría, la presencia de espíritu u otros destellos de la conciencia. Por el contrario, se trata de un verdadero mecanismo de anestesia mental, basado en una mentira refinada y disfrazada, que va sembrando en el hombre la hipocresía frente a si mismo.

Este auto-tranquilizador, como los demás topes mentales, debe ser destruído.”

Fragmento del cap.IV – LOS TRES YOES DEL HOMBRE.  GNOSIS. (Libro 1). Boris Mouravieff

De mis reflexioaxiomas.

“No es la libertad el fundamento de la esperanza, sino la verdad. Hay cientos de millones de personas ”libres” sin esperanza. El ser humano mantiene la esperanza porque aspira a encontrar sentido al porqué que le impele a resignarse, o porque aviva la esperanza de alcanzar justicia a través del triunfo final de la verdad.”

”La verdad siempre es única. No es tu percepción ni la mía. La verdad es obstinada, siempre tiende hacia la luz. La verdad no se comulga, se vive. Ser siempre veraz, sincero, es el primer peldaño hacia el espíritu.”

“Para afrontar la verdad con todas sus consecuencias, hay que tener mucho valor, mucha generosidad y una enorme responsabilidad. Hay que ser sólidamente íntegro.”

“Cuanto más me aferro a la verdad, cuanto más veraz soy, más luz recibo para discernir la verdad de la mentira, la realidad de la falsedad, la autenticidad de la impostura y conocer la nobleza de las almas a través de los rostros.”

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