El tercer nacimiento del hombre.

“En su origen, el hombre habita un mundo limitado, pequeño, redondo: el útero materno. Vive y crece sumergido en la ingravidez que le proporciona el agua que lo rodea y protege.

Depende en todo, física y psicológicamente, de su madre.

En ese mundo limitado y pequeño tiene todo lo que necesita en esa etapa de su vida… Está anclado a la mujer, su madre, por el cordón umbilical, a través del cual recibe la sabia de la vida, necesaria para seguir desarrollando su potencial genético.

El hombre nace… Al cortar el cordón umbilical que le unía a la madre se amplían los límites de su existencia. Aparecen nuevos horizontes ante su vida.

Dentro de la mujer, su mundo era redondo y él estaba dentro.

Su nuevo mundo es mucho más grande. También es redondo, pero ahora, él está fuera.

Cortaron el cordón umbilical, que le ataba y le limitaba… Ahora tiene un nuevo cordón umbilical: sus vías respiratorias. Por este cordón le llega también la sabia de la vida, el aire, el oxígeno que respira. Es una atadura más sutil, que le permite una mayor libertad, pero atadura a fin de cuentas.

Antes estaba rodeado de agua, ahora lo rodea el aire del que depende su existencia.

Su nueva madre es la tierra; en ella encuentra también todo lo que necesita para subsistir… Pero si sale de la atmósfera respirable hacia el espacio exterior o se adentra en las profundidades del mar, hay que meterlo en una especie de útero artificial y ponerle un nuevo cordón umbilical; una nave, el traje espacial o de buceo, los tubos que le suministren el oxígeno, el aire que necesita respirar.

El hombre, en el seno de su madre la tierra, ha ganado espacios, libertades, posibilidades de desarrollo en busca de su destino.

El hombre es cuerpo, materia, y alma, espíritu… y siempre será materia-espíritu. Sólo que el soporte material del alma, al morir, será diferente, más bien energía… ¿O es que la materia es algo más que energía condensada?

Nada que existe puede dejar de existir. Una molécula de cualquier sustancia podrá desintegrarse y convertirse en energía, pero siempre será algo.

El cuerpo, con la muerte, podrá desintegrarse en sus diversos componentes; volverá a la tierra, volverá a ser lo que fue: polvo de estrellas.

Pero una parte de aquella materia, ahora energía, unida al alma, seguirá formando parte del mismo hombre, perfeccionado, liberado de sus ataduras materiales más groseras.

Ya no se alimentará, ya no renovará los componentes orgánicos y minerales que antes tenía su cuerpo. Ya no necesitará el agua, que era imprescindible para su vida. Ya no necesitará el aire, que penetraba a través del cordón umbilical de sus vías respiratorias… Nacerá de su madre tierra para ampliar sus horizontes en la inmensidad, en El Infinito…

Su nueva madre no tiene límites. Su nuevo cordón umbilical es: El Amor del Creador, que le atrae de manera irresistible… que llenará de plenitud su existencia.

Y el hombre, en este su tercer nacimiento, se libera de la última de sus limitaciones: la necesidad del cerebro para conocer. Supera así las limitaciones de sus sentidos y de su cerebro mal programado a lo largo de la evolución de la especie, con el que convirtió a la humanidad en purgatorio, en infierno de dolor, de enfermedad, desdicha, temor y guerras fratricidas…

Usó los dones de la Naturaleza para fabricar sus propios males y, con ellos, su castigo y el de su descendencia.

Por fin encuentra lo que tanto ansiaba…

“Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen”, (Lucas, 23,34). Son palabras de Jesucristo en la cruz.

Y, en efecto, nadie sabe, nadie conoce plenamente todo lo que le conviene saber de su origen, de su presente y de su destino, hasta que se libera de la servidumbre del cerebro con la muerte.

Nadie es totalmente responsable ni totalmente libre sin conocimiento pleno.

Ese conocimiento sólo se puede dar con la liberación que supone la muerte y, con ella, dejar de depender del cerebro para razonar.

Tras la muerte, se sabe, se conoce… Llega entonces la libertad total y la responsabilidad en la elección.

Y yo me pregunto: Aunque esto fuera posible ¿habrá alguien que, siendo plenamente libre, elija otro camino que el que le lleve a la posesión del Bien Infinito, siempre deseado y nunca, hasta este momento, comprendido ni alcanzado?… Aunque esto fuera posible, gracias a la libertad plena, recién estrenada, ¿habrá alguien a quien el uso de esa libertad le lleve, después del conocimiento de DIOS, con otro rumbo que no sea ÉL?…

El hombre nace por tercera vez, con la muerte: Nació en la madre al ser engendrado, en la tierra al parirlo la mujer… y en el Infinito al morir…Se encuentra inmerso en el Amor del Padre, en el que todo tiene su origen y su destino, su principio y su fin.”

 Dr. Angel Escudero Juan.   De su libro : “Curación por el pensamiento: Noesiterapia”

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