Pequeño Hombrecito.

” Así es cómo eres, Pequeño Hombrecito. Sabes plagiar muy bien pero no puedes crear. Y por eso eres lo que eres, toda tu vida es una aburrida oficina, sobre la mesa de dibujo, en la ajustada chaqueta conyugal o un profesor que odia a los niños. No tienes desarrollo ni oportunidad para un nuevo pensamiento, porque siempre has tomado, recogiendo sólo lo que otros te han presentado en bandeja de plata.

¿No comprendes por qué esto es así, por qué no puedes ser de otra manera? Te lo explicaré, Pequeño Hombrecito, ya que llegué a conocerte como un animal que se vuelve rígido cuando viniste con tu vacío interior, tu impotencia o tu desorden mental. Sólo puedes copiar y tomar, no puedes crear ni dar, porque tu actitud básica es reprimirse y escupir; porque el pánico te conmociona cuando el más primordial movimiento de AMAR y de DAR aparece en tí.

Por eso tienes miedo de dar. Tu tomar, básicamente tiene sólo un significado: eres forzado continuamente a atracarte con dinero, con felicidad, con erudición, ya que te sientes vacío, hambriento, infeliz, sin conocimiento genuino o deseos de él. Por la misma razón, permaneces huyendo de la verdad, Pequeño Hombrecito: porque ella podría liberar el instinto de amor que hay en tí. Inevitablemente te mostraría lo que yo, inadecuadamente, estoy tratando de hacer aquí. Y eso es lo que tú no quieres, Pequeño Hombrecito. Sólo quieres ser un consumidor y un patriota.

«Escuchen esto ¡Reniega del patriotismo, baluarte de la nación y de su germen, la familia! ¡Se tiene que hacer algo al respecto!»

Así es cómo chillas, Pequeño Hombrecito, cuando alguien te recuerda tu diarrea física. No quiero oírlo ni saberlo. Quieres gritar ¡Hurra! De acuerdo, pero ¿por qué no me dejas contarte tranquilamente la razón por la que eres incapaz de ser feliz? Veo el miedo en tus ojos; esta pregunta parece interesarte profundamente. Estás a favor de la «tolerancia religiosa». Quieres ser libre para gustar o no de tu propia religión. Esto es correcto. Pero quieres más que eso: quieres que tu religión sea la única. Eres tolerante en lo que respecta a tu religión, pero no eres tolerante en cuanto a la de los otros. Te pones rabioso cuando alguien, en lugar de un Dios personal, adora a la naturaleza y trata de entenderla. Deseas que un compañero matrimonial ponga un pleito al otro, que acuse a él o a ella de inmoralidad o brutalidad’ cuando ellos no pueden vivir juntos por más tiempo. No aceptas el divorcio en base a un mutuo acuerdo, tú, pequeño descendiente de grandes rebeldes. Ya que estás aterrorizado por tu propia lascivia.”

Fragmento de “Pequeño Hombrecito” de Wilhelm Reich

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