“Señor, ¿adónde irán las almas?”.


Yo le dije al Salvador: «Señor, ¿serán todas las almas conducidas sanas y salvas hacia la luz pura?».

El contestó y me dijo: «Estas son grandes cuestiones que han surgido en tu mente, y es difícil explicarlas a alguien excepto a los de la raza inconmovible.

Aquellos sobre los que el Espíritu de la vida descenderá, y a quienes el Espíritu facultará, serán salvados, y se volverán perfectos dignos de la grandeza, y libres de todo mal e interés en la maldad, en ese reino.

Ellos se interesan sólo por lo imperecedero, y siempre están preocupados por eso, sin ira, celos, envidia, deseo, o codicia alguna.

Les afecta únicamente su existencia en la carne, e incluso mientras llevan la carne miran hacia el tiempo en que se encontrarán con aquellos que los reciban.

Esa gente es digna de la vida y la llamada eternas, imperecederas. Pues lo soportan todo y lo aguantan todo con el fin de terminar la contienda y lograr la vida eterna».

Yo le dije: «Señor, ¿qué será de las almas de las personas que no han vivido de esta manera, pero sobre las que, a pesar de ello, han descendido el poder y el Espíritu de la Vida? ¿Qué les ocurrirá?

El contestó y me dijo: «Si el Espíritu desciende sobre ellas, muy ciertamente serán salvadas y transformadas.

El poder debe descender sobre todas las personas, pues sin él nadie podría permanecer de pie.

Después del nacimiento, si el Espíritu de la Vida crece, y el poder viene y refuerza el alma, nadie podrá conducir a este alma por el mal camino con malas acciones.

Mas las personas sobre las que desciende el espíritu contrario son engañadas por este espíritu y se extravían».

Yo dije: «Señor, ¿a dónde irán las almas de estas personas cuando abandonen la carne?».

El se rió y me dijo: «El alma que tiene más poder que el espíritu despreciable es fuerte. Se escapa del mal, y a través de la intervención del Imperecedero es salvada y conducida al reposo eterno».

Yo dije: «Señor, ¿a dónde irán las almas de las personas que no saben a quién pertenecen?».

El me dijo: «El espíritu despreciable se hace más fuerte en tales personas cuando se extravían. Este espíritu coloca una pesada carga sobre el alma, la conduce a malas acciones y la arroja al olvido.

Después que el alma abandona el cuerpo, es entregada a las autoridades que han nacido a través del primer gobernante.

La atan con cadenas, la arrojan a la prisión, y la insultan, hasta que finalmente emerge del olvido y adquiere conocimiento. Así es como obtiene perfección y se salva».

Yo dije: «Señor, ¿cómo puede el alma volverse joven otra vez, y regresar al vientre de su Madre, o a la Humanidad?».

El se alegró cuando le pregunté sobre esto, y me dijo: «Verdaderamente bienaventurado eres, pues tú comprendes.

Este alma necesita seguir a otra alma en la que mora el Espíritu de la Vida, porque se salva a través del Espíritu. Entonces jamás volverá a ser introducida en la carne».

Yo dije: «Señor, ¿a dónde irán las almas de las personas que una vez tuvieron conocimiento mas luego se apartaron?».

El me dijo: «Serán llevadas al lugar donde van los ángeles miserables, donde no hay arrepentimiento. Serán mantenidas allí hasta el día en que los que han blasfemado contra el Espíritu sean juzgados y castigados eternamente».

Capítulo 14 del Evangelio Apócrifo de Juan. Manuscritos de Nag Hammadi.
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Una respuesta a “Señor, ¿adónde irán las almas?”.

  1. Maria dijo:

    Maravillosa lectura, muy instructiva y esclarecedora sobre la Verdad y que la Iglesia Institucionalizada ha mantenido oculta como todo el auténtico mensaje de Jesucristo.
    La perfección de las almas sólo es posible tras un periplo de vidas y vidas repitiendo experiencias. En una sola vida es imposible soltar odios, resentimientos, rencores hacia nuestros más allegados familiares y amigos si
    realmente consideramos que no han
    cumplido nuestras expectativas y sentimos que verdaderamente han sido muy “malos” con nosotros. Si nos morimos con odio, resentimiento o rencor nuestra alma necesita volver a estar con las personas que no soportamos para tratar, a través del AMOR y para ello las “elegimos” como familiares muy allegados, de alcanzar la aceptación y finalmente AMARLAS INCONDICIONALMENTE.
    Nos costará cientos o miles de vidas pero al final aceptaremos que somos AMOR, que somos DIOS y ya habremos llegado al PARAÍSO

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