El Demiurgo.

Así dice Yahveh el rey de Israel, y su redentor, Yahveh Sebaot: «Yo soy el primero y el último, fuera de mí, no hay ningún dios.
 ¿Quién como yo? Que se levante y hable. Que lo anuncie y argumente contra mí; desde que fundé un pueblo eterno, cuanto sucede, que lo diga, y las cosas del futuro, que las revele. No tembléis ni temáis; ¿no lo he dicho y anunciado desde hace tiempo? Vosotros sois testigos; ¿hay otro dios fuera de mí? ¡No hay otra Roca, yo no la conozco!.” Biblia de Jerusalén, Isaías 44, 6-8

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En mi experiencia y en la de otros amigos caminantes, uno de los mayores retos que se nos ha presentado es la duda y su consecuente y obligado discernimiento entre Dios, la Verdad Absoluta, y su “imitador e imitación”, la realidad y la ilusión, Dios y el Demiurgo. Es un asunto imposible de lograr desde el Alma, no es suficiente el intelecto, por muy poderoso que sea; se precisa un proceso que aúne la vivencia mística y la razón, iluminadas por la intuición y la inteligencia del Espíritu.

Los sistemas de creencias y dogmas de las religiones organizadas prestan un gran servicio al demiurgo, pues están focalizadas para y hacia el Alma, el ser sintiente, emocional y racional. Pero para el caminante en el que prevalece su Espíritu, la distinción se facilita, pues el Espíritu es la chispa o mónada de Dios, y su avivamiento activa los sentidos espirituales que permiten “ver y oir” para orientarse en la confusión creada por el demiurgo.

Carta a Javier, 5 de diciembre de 2012

Querido Javier,

Con la longitud, altura y profundidad de mi percepción actual, confirmo que el dios que se ha hecho pasar por Dios nos ha engañado, y bien engañado.

Ese “dios poderoso y malvado está en el vértice de la pirámide desde la que dirige una  organización para la que siempre encuentra fieles servidores, pues tiene millones de candidatos dispuestos a venderle su conciencia como prueba inicial de que pueden comerciar con las de los demás. La pirámide es la forma de organización del impostor y que ha implementado en todos los sistemas de poder humanos.

Los actos nobles y buenos que el hombre realiza no sirven más que para demostrar que ante su poder son vanos intentos de encauzar definitivamente a este mundo por la senda de la perfección. Por cada acto bueno el enemigo impele o compele diez malvados. Los movimientos sociales para cambiar el estado de las cosas están condenados al fracaso. Y lo están porque ese dios de iniquidad tiene poder sobre la mente racional, es su campo preferido de acción, la intelectualidad que rinde culto a una de las hijas de aquel, la razón, de cuyos monstruos las civilizaciones han experimentado sus acciones y consecuencias.

Este planeta, al que bautizamos La Tierra, es conocido en el Cosmos como La Mentira.

Ese dios al que me referí en mi última misiva ha engañado durante miles de años a las religiones monoteístas, utilizándolas de la misma forma que hoy usa a las corporaciones financieras, industriales y mediáticas. La cruz con Jesús crucificado es el recordatorio inconsciente -subliminal- de que él impostor “venció”. El Antiguo Testamento está lleno de sus obras. Es imposible que Jesús Cristo pudiera tener relación con un dios “inmutable” que cambia sus designios de acorde a sus “planes” y que se hace llamar de formas distintas.

¿ Qué seguridad puede darnos un dios así ?.

Casi todos necesitamos estar y sentirnos unidos a un grupo para creer mejor, para reforzar nuestras creencias, para que en y con los otros se disipen las dudas que cada día nos asaltan. Pero es inútil.

Nadie puede ser libre si no es a través de la Verdad. Pero la Verdad no reina, así que sólo la muerte puede liberarnos. Mientras estemos aquí, encarnados en el mundo del impostor, domina su “omnipoder”.

Clamo para se cumpla la hora en que Aquél en Quien deposito mi Fe y Eperanza comparezca, Dios de la debilidad, bondad y perfección. Mi Padre Celestial.  Ha llegado el tiempo en que debe hacerse presente en este plano. No puede dejar que sigamos en este caos, asidos a columnas que ya no se sostienen.

Veo tanto y tan claro que el espanto que me provoca ver lo que es y está más allá de lo aparente me paraliza. Soy hoy un inadaptado para cualquier actividad en este mundo satánico.

El impostor sabe que le he descubierto, intenta silenciarme, alienarme, destruirme. Acepto mi destino, pues sé que, como todos los que le descubrieron, lo único que puede hacer es “expulsarme” de su reino. Ese dios es un demiurgo al que Dios Padre Verdad le permite obrar por razones inexcrutables a mi ínfima inteligencia.

Fortalezcámonos en Cristo para resistirle y combatirle.

Un abrazo de tu amigo Samuel

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“Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes.

 ¡En pie!, pues; ceñida vuestra cintura con la Verdad y revestidos de la Justicia como coraza, calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz,  embrazando siempre el escudo de la Fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno.

Tomad, también, el yelmo de la salvación y la la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios;  siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos…”

Biblia de Jerusalén. Carta de San Pablo a los Efesios 6, 11-18.

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El siguiente texto pertenece al primer capítulo de “El Aciago Demiurgo” de Emil Michel Cioran.

“Es difícil, es imposible creer que el dios bueno, el «Padre», se haya involucrado en el escándalo de la creación. Todo hace pensar que no ha tomado en ella parte alguna, que es obra de un dios sin escrúpulos, de un dios tarado. La bondad no crea: le falta imaginación; pero hay que tenerla para fabricar un mundo, por chapucero que sea. Es, en último extremo, de la mezcla de bondad y maldad de la que puede surgir un acto o una obra. O un universo. Partiendo del nuestro, es en cualquier caso mucho más fácil remontarse a un dios sospechoso que a un dios honorable.

El dios bueno, decididamente, no ha sido dotado para crear: lo posee todo, salvo la omnipotencia. Grande por sus deficiencias (anemia y bondad van parejas), es el prototipo de la ineficacia: no puede ayudar a nadie… No nos agarramos a él mas que cuando nos despojamos de nuestra dimensión histórica; en cuanto nos reintegramos a ella, nos es extraño, nos es incomprensible: no tiene nada de lo que nos fascina, no tiene nada de monstruo. Y es entonces cuando nos volvemos hacia el creador, dios inferior y atareado, instigador de los acontecimientos. Para comprender cómo ha podido crear, hay que figurárselo presa del mal, que es innovación, y del bien, que es inercia. Esta lucha fue, sin duda, nefasta para el mal, pues debió sufrir la contaminación del bien: lo cual explica por qué la creación no puede ser enteramente mala.

Como el mal preside todo lo que es corruptible, que es tanto como decir todo lo que está vivo, es una tentativa ridícula intentar demostrar que encierra menos ser que el bien, o incluso que no contiene ninguno. Los que lo asimilan a la nada se imaginan salvar así al pobre dios bueno: No se le salva más que si se tiene el valor de separar su causa de la del demiurgo. Por haberse rehusado a ello, el cristianismo debía, durante toda su carrera, esforzarse en imponer la inevidencia de un creador misericordioso: empresa desesperada que ha agotado al cristianismo y comprometido al dios que quería preservar.

No podemos impedirnos pensar que la creación, que se ha quedado en estado de bosquejo, no podía ser acabada ni merecía serlo, y que es en su conjunto una falta, y la famosa fechoría, cometida por el hombre, aparece así como una versión menor de una fechoría mucho más grave. ¿De qué somos culpables, sino de haber seguido, más o menos servilmente, el ejemplo del creador? La fatalidad que fue suya, la reconocemos sin duda en nosotros: por algo hemos salido de las manos de un dios desdichado y malo, de un dios maldito.

Predestinados los unos a creer en un dios supremo, pero impotente; los otros, en un demiurgo; los otros, finalmente, en el demonio, no elegimos nuestras veneraciones ni nuestras blasfemias.

El demonio es el representante, el delegado del demiurgo, cuyos asuntos administra aquí abajo. Pese al prestigio y al terror unidos a su nombre, no es más que un administrador, un ángel degradado a una tarea baja, a la historia.”

Acceder al texto completo

Leer   ¡ Ante tu poder, rebeldía, soy espíritu !

Leer    Desolación.

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4 respuestas a El Demiurgo.

  1. Jose dijo:

    Me gusto mucho este texto me siento muy representado por las ideas. me gustaria saber el nombre completo del autor

  2. carlos alberto isaza dijo:

    Pero de que vale oponerse a un poder superior aunque sea inferior al Incognoscible?Sea imperfecta o no la creación es grandiosa y los sentimientos sublimes como el amor y el jubilo interior para experimentarlos,son superiores que el odio y la destrucción con su consecuente dolor.

    • Hola Carlos, gracias por tu comentario.
      La Creación no es obra del Demiurgo, por eso es hermosa, grandiosa y te, nos genera sentimientos sublimes. El Demiurgo al que se refiere Cioran es un demiurgo corrupto que se separó de la Fuente Primera, del Altísimo.del Incognoscible. Creo que no eres ajeno a esto.

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