El Sendero Secreto


.

A un buen amigo que se confiesa abiertamente agnóstico le envié hace unas semanas el libro de Paul Brunton, “El Sendero Secreto” y el pasado viernes, mientras cenábamos, me confesó que su lectura le ha generado el deseo de descubrir ese “sendero” en si mismo.

Sin entrar en detalles, pues los motivos son siempre muy íntimos, sí me reconoció que desde las primeras páginas sintió un movimiento interno que comenzó a abrir su inconsciente y que disparó el impulso de dar sus primeros pasos. Me siento gratificado por haber contribuido a que mi amigo inicie su viaje en busca de su verdadero ser, su yo real, su espíritu y a Dios. Brunton lo denomina Yo Superior*, y aunque entiendo el apelativo, el calificativo superior puede ser mal interpretado por una mayoría que creería ver en ello un estado de superioridad, y nada más lejos y contraproducente para la humildad necesaria para transitar y avanzar en el Camino.

* “..el yo primero y verdadero, que existía antes de que el pensamiento y el deseo aparecieran en el hombre, es conocido por muy pocos, es muy sutil y no es aparente, porque nos hace participar a todos de la naturaleza de lo divino. Vive eternamente, se cierne sobre nuestras cabezas, es un atributo angélico de grandeza inimaginable y de misteriosa sublimidad y, por consiguiente, yo lo llamo el Yo Superior.”

Os dejo con este extracto a cuyo pie podéis encontrar el enlace para leer la obra completa.

********

“ Las preocupaciones que trae la vida siempre nos están llamando la atención. Una actividad descabellada se ha apoderado del mundo, y la sabiduría que trae el reposo mental se oscurece y se pierde. Cuanto más nos entregamos a este atolondrado materialismo, más profundamente ocultamos nuestra esencia divina.

El propósito de estas páginas será demostrar que el ser humano, aunque viva en las condiciones que ofrece el presente, aunque se vea rodeado por circunstancias aparentemente ineludibles, puede encontrar una justa dirección para su vida material, una guía más alta para resolver los problemas de su vida diaria, una protección divina en tiempos agitados y una terapia espiritual para sus achaques físicos.

Podría citar muchos casos para demostrar que la técnica de vida espiritual que se propone en este libro no es una simple abstracción; es un camino por el cual uno puede transitar a fin de obtener, igualmente, ayuda en asuntos materiales; es una forma de actividad protectora que infunde una sensación de total seguridad en lo más hondo del corazón.

El que haya descubierto el camino secreto que lleva a este centro divino siempre podrá demostrar su descubrimiento por la forma en que encara los obstáculos inevitables, las dificultades y las penurias recurrentes que asaltan a la vida humana. Una vida más alta se ha iniciado para él.

El hombre ignorante del Yo Superior, crea su propia infelicidad. El mundo lo domina, a él, que ha nacido para dominar el mundo. La vida golpea duramente, tarde o temprano, al hombre que conoce muchas o pocas cosas, pero que no se conoce a sí mismo. Hasta los muertos no se escapan porque la muerte es otra forma de vida.

Si el ser humano pudiera reconocer sus posibilidades divinas con la misma facilidad que reconoce sus limitaciones animales, el milenio no estará lejos de nosotros. No recemos, pues para obtener más poder sobre los otros hombres, o para tener más dinero o una reputación más difundida: recemos para ser librados de esta atroz ignorancia de nuestro ser verdadero.

Hay millones de hombres y mujeres que son desdichados porque nunca han aprendido esta verdad, que son las víctimas de su lamentable ignorancia. Bajo la tersa superficie de sus vidas hay mucho descontento, hay profundas discordias y graves tumultos.

Existe una puerta abierta a la que pocos seres humanos se atreven acercar, pero por la cual todos los hombres habrán de pasar. Es la puerta que lleva al verdadero ser del hombre, cuyos portales invisibles deben ser tanteados y buscados dentro de los misteriosos recintos del espíritu humano. Es en esos sombríos recintos que los pensamientos y lo sentimientos nacen, y por lo tanto podemos acercarnos a la entrada por el camino del pensamiento o el sentimiento deliberadamente orientados. Pero una vez que hayamos atravesado el umbral y llegado al silencio interior, todas las preguntas que nos torturaban serán contestadas, todas las necesidades exteriores serán satisfechas o renunciaremos a ellas de buen grado, todas las tribulaciones amenazadoras suscitarán la fuerza divina que podrá hacerles frente serenamente. Es en esta inefable región interior que el ser humano hace encontrar su beatitud última, su protección más segura.

La base racional de estas cosas puede explicarse fácilmente. El hombre es, considerado en sí mismo, un universo en miniatura. Su Yo Superior es el sol y su yo personal desempeña el papel de una luna. Del mismo modo que la luna toma su luz prestada del sol, del mismo modo su personalidad toma su conciencia de sí misma, y su vitalidad, su poder intelectual y afectivo, de la luminaria central; el Yo Superior. Los hombres que sólo viven de acuerdo con la sabiduría de su propio ser son semejantes a hombres que trabajan de noche, a la luz de la luna, porque no hay sol. El que no ha visto al sol, dice Calderón, no tiene la culpa si cree que ninguna luz es más fuerte que la de la luna. Los que viven de acuerdo con la sabiduría del Yo Superior pueden apreciar la contribución de la personalidad, pero le atribuyen un valor secundario.

Algo distinto ocurre a la persona que adquiere el conocimiento de sí misma, el dominio de sí misma. Su visión del mundo se transforma, y ve la vida desde un mirador aventajado. Contempla el ruidoso panorama de la existencia confusa y agitada, pero mantiene una serena armonía dentro de su alma. Las irritaciones que antes hacían presa de ella, desaparecen. Las pasiones que en un tiempo la apresaban con sus tentáculos implacables, se han dulcificado y ellas mismas son apresadas ahora, por fuerzas más poderosas.

El hombre que ha seguido este camino con éxito se desprenderá poco a poco de deseos agitados, de pensamientos ingobernables y acciones desconsideradas. Y aunque el esfuerzo requerido sea grande, la recompensa espiritual será incalculable, pues la misteriosa percepción espiritual del Yo Superior surgirá un día en el alma del aspirante.”

Leer completo “El Sendero Secreto”

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Espiritualidad, Sabiduría, Varones y Mujeres., Verdad y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s