Intento, fracaso, decepción…, pero siempre intento.

Fracaso y decepción son frutos del intento.

El intento, la realización del propósito, es el acto per se de la voluntad.Todo logro es consecuencia del intento. Todo logro requiere de muchos y perseverantes intentos. A mayor logro más y mayores intentos.

Un acto de voluntad no es un acto de libre albedrío, de libre elección.

El acto de voluntad es propio del espíritu. El acto de libre albedrío lo es del alma.

La voluntad se despliega desde el espíritu. Si está ausente, dormido, inactivo, la elección en el devenir es potestad del libre albedrío del alma.

No hay fracaso en una elección, como tampoco decepción.

Si yo elijo puedo sentir desilusión, pero desilusión no es decepción.

La decepción es propia del espíritu, la desilusión lo es del alma.

*****

Si yo fracaso, ¿Acaso Tú sientes que fracasas?.

Si yo me decepciono. ¿Acaso Tú sientes que Te decepcionas?.

Hoy, yo en Tí estoy decepcionado de mí. Tú en mí estás decepcionado de mí. La decepción se origina en y vuelve a mí y Tú la experimentas en mí.

Mi decepción y mi fracaso son hoy tus sentimientos a través de mí, pues Tú estás en mí, yo soy Tú en acción.

Una parte de mí, quiere convencerme de la separación para justificarse, para disculparse, para consolarse…

Esa parte de mí, usa mi intelecto, que sabe, sé y sabes es poderoso, para crear y proyectar decenas de argumentos para defender mi decepción y justificar mi fracaso.

Esa parte de mí quiere y defiende mantener la dualidad, que yo soy yo y Tú eres Tú. Que yo soy la creatura y Tú el Creador. Que la creatura no es el único responsable de sus errores, de su fracaso, de su decepción. Que Tú, Creador, debes compartir la responsabilidad; que Tú, Creador, eres quien posee el Supremo Poder y Conocimiento de su creatura, quien conoce su naturaleza, quien puede auscultarla, sondearla, anticiparse a sus acciones…

Yo fracaso y Tú sientes mi fracaso. Yo lloro y Tú sientes mi llanto. Yo me consuelo y Tú me sientes consolándote; y Tú me consuelas y yo me siento consolándote.

En el fracaso y la decepción germina mi contrición.

La contrición es la puerta para el consuelo.

Te pido perdón por fracasar, por decepcionarte. Siento la profunda e intensa contrición porque mi intento, mi acto de voluntad ha fracasado, me he decepcionado, Te he decepcionado, porque mi voluntad ha sido débil e insuficiente y además enorgullecido no pedí ayuda a Tu Sabiduría, que desde el principio pusiste en mí y que una parte de mí, la que tuvo el control durante decenios, negó, cegó, enterró…., menospreció.

No quiero exonerar a mi espíritu, no puedo disculpar a mi alma, no debo justificar a mi ego…, no quiero, no puedo y no debo excusarme, aún menos evadirme; enfrento, acepto, corrijo, me levanto…, y vuelvo a intentarlo.

Intento, fracaso, decepción, contrición, consuelo, intento…, es la espiral que conforma el resorte con el que me impulso, me impulsas, nos impulsamos, me perfeccionas y me perfecciono, me elevas y me elevo, me fortaleces y me fortalezco, te acercas y me acerco…, juntos, unidos, fundidos,…, somos UNO.

Vuelvo a intentarlo…, cada fracaso, cada decepción espolean al Logro.

El único Logro real en el que todos los intentos y propósitos hallan sentido en esta vida.

Quiero, puedo y debo intentarlo, una, cien, mil veces,… toda la vida, todas las vidas…, hasta lograr la Eterna Promesa.

Quiere mi espíritu, puede mi alma y debe mi ego, intentarlo eternamente.

Vuelvo a intentarlo…

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