El valor de la verdad es superior al de la libertad.


El ensayo del fallecido (2005) catedrático de filosofía D. Jesús García López “El Valor de la Verdad”, desarrolla la tesis de que el ser veraz, convertir la verdad en la dirección de toda acción y hacer de la verdad el fluido vital de nuestra esencia, realizan la perfección en el ser humano.

Reflexiona y contraargumenta la antítesis heideggeriana que antepone la libertad a la verdad, muy de moda en los tiempos que vivimos, y de la que nuestro “todavía” presidente de gobierno asumió su portavocía al difundir aquí y allende que: “ No es cierto que la verdad nos hace libres, es la libertad la que nos hace verdaderos”.

Para nuestra desgracia el Sr. Zapatero ha demostrado su convicción al pie de la letra; y así “libremente“ nos ha mantenido ausentes de la verdad y “libremente” nos ha conducido a la verdad de nuestra situación social y económica. Ha conseguido con total libertad que durante mucho tiempo permanezca hipotecada nuestra libertad, como ciudadanos y como nación.

El de la España gobernada por Zapatero es un ejemplo “menor” comparado con muchos otros en la historia de la Humanidad, como la gloriosa revolución en la que se “liberó a la verdad” separando la cabeza del tronco a miles de seres humanos.

Hay cuestiones como las que se plantean en este ensayo, cuyas respuestas deberían tenerse muy claras antes de transitar la vida adulta y, por imperativo vital, cuando se adquieren responsabilidades con el prójimo, sea con tu familia o con tu nación.

Los sistemas educativos de las últimas décadas han ninguneado hasta casi su exclusión los estudios reglados de filosofía y religión, que servían al alumnado para dar sus primeros pasos en la Sabiduría, quedando reducido su acceso y enseñanza a contenidos puramente eruditos; cuando su función primordial consiste en sembrar el deseo de adquirir y perfeccionarse en todos los valores que nos elevan como seres humanos. Pero esto contradecería el principio cientifista de que sólo es interesante y/o útil aquello que pueda observarse, medirse, cuantificarse y producirse; significaría reconocer la supremacía de la Sabiduría sobre la Ciencia.

Este texto nos ayuda a posicionarnos en relación con la utilidad o inutilidad de cultivar aquello de lo que no se obtiene un beneficio material.

¿ Es en la libertad de acción dónde se halla lo más elevado del hombre ? o bien ¿ Es la contemplación de la sabiduría lo que permite al hombre elevarse ?.

Siempre me he posicionado y defenderé la verdad por encima incluso de mi propia libertad física. Algunos saben bien de lo que hablo.

Abajo encontraréis el enlace para descargar el texto completo y a continuación os dejo un “entrante”.

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” La verdad es incompatible con el egoismo, porque nadie puede decir que la verdad es suya, ni guardarla para sí solo en posesión privada. Lo único que es propio de éste o aquél hombre es el hallazgo de la verdad y la expresión o forma que acierta a dar a la verdad hallada. Y suelen los hombres ser muy celosos de esta propiedad, a la que llamamos ((intelectual ». Pero la verdad misma, que se descubre a todos los hombres que con afán la buscan, está siempre por encima de ellos, y no se deja encadenar por nadie, ni consiente que alguien la haga suya con exclusión de los demás. El que esto pretendiera se engañaría a sí mismo y no llegaría a posesionarse de la verdad, sino de una falsa apariencia. La verdad es esencialmente un bien común, y, por eso, querer gozar de la verdad en privado es condenarse a quedar privado de la verdad.

San Agustín lo ha dicho de forma magistral: “Por eso, Señor, son terribles tus juicios; porque tu verdad no es mía, ni de aquél, ni del más allá, sino de todos nosotros, a cuya comunicación nos llamas públicamente y terriblemente nos adviertes que no queramos poseerla en privado para no vernos privados de ella. Porque cualquiera que reclame para sí propio lo que tú propones para disfrute de todos, y quiera hacer suyo lo que es de todos, será repelido del bien común hacia lo que es suyo, esto es, de la verdad a la mentira. Porque el que habla mentira de lo que es suyo habla”.

No hay nada que una tanto a los hombres como la posesión de unas mismas verdades fundamentales. Ni la sangre, ni la tierra, ni la historia. Todo esto es inútil sin la unión de las voluntades, y esta última es imposible sin la unión de las inteligencias en una misma ideología. En un mundo intelectualmente dividido sólo cabe esperar una coexistencia inestable, cargada de malos presagios, pero ninguna especie de verdadera convivencia. Convivir es algo más que coexistir; exige, tratándose de los hombres, una vida humana o racional en común, con una misma fundamental ideología. […]

Como en el hombre, todo se ordena a la perfección de su parte más noble, que es la racionalidad, es evidente que la perfección de ésta será, sin más, la perfección de todo el hombre. Ahora bien, la perfección de la racionalidad es precisamente la verdad. […]

Ni la utilidad práctica, ni el dominio del mundo y de los hombres son los máximos ideales de la vida humana, sino aquella ocupación verdaderamente libre v soberana que llega a levantarnos por encima de nosotros mismos y a divinizarnos en cierto modo: la sabiduría o la contemplación de la verdad, y sobre todo de la primera. Aristóteles decía de ella que “no es humana, sino divina posesión”, pero añadía que “es indigno del hombre no buscar una ciencia a la que puede aspirar”; y en otra parte afirmaba. que “a pesar de no ser más que hombres, no debemos limitarnos, como algunos pretenden, a los conocimientos y sentimientos exclusivamente humanos; ni reducirnos, porque seamos mortales, a una condición mortal; es menester, por el contrario, que en lo que depende de nosotros, superemos los límites de nuestra condición mortal y nos esforcemos por vivir conforme a lo mejor que en nosotros existe”. Y estas palabras son de un hombre, del que resulta muy dudoso que haya admitido la inmortalidad del alma.”

texto completo de EL VALOR DE LA VERDAD – Jesús García López

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2 respuestas a El valor de la verdad es superior al de la libertad.

  1. Ser, esa es la verdad absoluta.

  2. Gracias Vanessa por tu comentario, las iniciales de tu nombre ya “hablan” de verdad.

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