Sexualidad y espiritualidad cristianas.

Encontré el siguiente texto que me llamó poderosamente la atención por la visión y la defensa que su autor, sacerdote y teólogo, sostiene sobre la necesidad de una sexualidad integrada simbióticamente con la vida espiritual y cristiana.

“ Los cristianos que rechazan, desvían, huyen, reprimen, niegan y renuncian de su propia sexualidad en vez de integrarla en su propia espiritualidad, nos recuerdan aquellos individuos que se empeñan en separarse de sus propias sombras. Cuando se paran y vuelven a mirar para atrás se encontraran inevitablemente con ellas. Somos personas sexuadas, sexuales y eróticas, es imposible en la vida espiritual sacudirse o huir de ellas. Cuando más corramos y queramos alejarnos de ellas más cerca estarán. Esto mismo nos sucede cuando queremos alejarnos y huir de nuestra sexualidad, ya que es algo que somos y llevamos dentro. De nada sirve ignorarla, huir de ella, reprimirla, negarla. Jamás lograremos vernos sin ella. Solo podemos aceptarla como positiva y tratar de hacer las paces con eso que somos y llevamos dentro. Además si la integramos en la vida espiritual sin huir de ella y nos hacemos amigos de ella, puede convertirse en una energía que nos ayude e impulse a vivir esa vida espiritual con fuerzas renovadas.

¿Es para nosotros la vivencia y experiencia de la sexualidad una moda más o es una actitud positiva que logra mejorar las relaciones de amistad entre ambas?.

Una actitud negativa del concepto de sexualidad daña nuestro concepto de Dios, nuestra fe y nuestra vida espiritual. La actitud negativa ante la sexualidad humana puede dañar también nuestra actitud religiosa, nuestro concepto de Dios y nuestra vida espiritual. La actitud negativa y los sentimientos de temor, suciedad y culpa a ella asociada y los que la conocemos a través de la Iglesia cristiana, nos han trasmitido un concepto de Dios, que pasa a ser visto como una padre de autoridad, poder y castigador, que desconfía de la sexualidad y que castiga las faltas sexuales con la mayor dureza.

Me llama mucho la atención ver hoy en personas marcadas por una profunda disposición religiosa y espiritual, que saben que Dios es compasivo y misericordioso, una rigurosa condena espiritualidad de lo sexual. Yo creo que olvidan distinguir entre muchas imágenes conscientes e inconscientes de Dios. Creemos en un Dios bondadoso, misericordioso y compasivo con los pecados sexuales. Pero en nuestro inconsciente están todavía las imágenes de nuestra infancia: la imagen de un Dios como juez severo, castigador implacable, contable escrupuloso de las faltas sexuales… y que por otra parte se olvidan de contar y denunciar las grandes injusticias sociales de ellos mismos. Este concepto de Dios hace que nos avergoncemos de nuestra propia sexualidad, de nuestro cuerpo, de sentirnos indignos de nosotros mismos, de sentimientos de miedo de ser castigados, de no ser aceptados por los demás por lo malo que somos, nos invade de sentimientos de culpa, de hacer siempre algo malo y pensar que es lo que más ofende a nuestro Dios. Desde esta actitud, es imposible ver y hablar de una sexualidad como fuente de espiritualidad.

Hoy muchas encuestas sociológicas están indicando este hecho como causa de perdida de la fe, abandono de su vida cristiana y que otros busquen una respuesta a lo que buscan en otras religiones. En semejante situación, a muchos cristianos les resulte ya imposible volver a comprender la unión de ambos conceptos. Tal vez algunos pocos tengan la dicha de encontrar algún creyente preparado en este campo y les lleve de nuevo a acercase a Dios. Descubriendo que la sexualidad es buena por ser creada por Dios y haberse encantado en ella. Lo cual con el tiempo puede llevarles a vivirla como un regalo de Dios, conciliarla con su fe y su vida espiritual. Hoy la vida se mueve con gran rapidez, y nuestros jóvenes que necesitan integrar su sexualidad con su fe no tienen mucha paciencia. Por lo tanto, el cristianismo tiene que superar rápidamente las connotaciones negativas con que ha cargado en el pasado a la sexualidad. Ya que la juventud cristiana necesitan integrar su sexualidad con su fe y vida espiritual. No tienen mucho tiempo para dedicarlo a ello y no saben esperar mucho. Por tanto nuestra Iglesia tiene que ser positiva acerca del don de la sexualidad. Los medios de comunicación sobre todo sacan a relucir ante los jóvenes lo que negamos y casi nunca o muy pocas veces lo que tenemos de positivo en este campo.

La agresividad entre los sexos es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. El terapeuta suizo Furrer dice: “la brutalidad es casi siempre sexualidad reprimida”. En los hombres religiosos y piadosos esta brutalidad de su sexualidad reprimida se manifiesta en la dureza de sus críticas a la sexualidad de otras personas y de la sociedad de hoy. Las critican brutalmente como inmorales y poco exigentes en lo sexual. Muchos fundamentalismos actuales también se comportan brutalmente con los cristianos y no cristianos que no tienen sus mismos puntos de vista o viven de una manera un tanto diferente de cómo ellos, tan piadosos y religiosos, consideran correcto.

Si niego o reprimo la sexualidad como fuente de espiritualidad, ella misma se encargará de encontrar un orificio o resquicio de salida a través del cual manifestarse y hacerse notar en nuestra vida espiritual. Esto sucederá en el momento en que menos lo espere y me encontraré desprevenido y no me dará la oportunidad de abordarla de manera positiva y creativa. Privándome así de la posibilidad de sacar de ella un fruto positivo en cuanto fuente de espiritualidad. Justamente aquello que es elegido como medio de negación y represión de la vida sexual, se convertirá en el resquicio o vehículo de retorno de la vida sexual reprimida o negada, la sexualidad reprimida al final se alza con la victoria en mi vida espiritual.”

Cosme Puerto Pascual . Sacerdote y teólogo.

 

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