“Dios no ha muerto, vive al final del Camino”.

“La cuestión de la existencia de Dios, ¿puede resolverse mediante pruebas científicas? En este libro demuestro no sólo que sí se puede, sino que ya se ha hecho; y a favor de Dios. Sin embargo las pruebas son sutiles, están basadas en el concepto de la primacía de la consciencia salido de la física cuántica, que sigue sonando a chino a mucha gente, de modo que el mensaje está penetrando muy lentamente en la consciencia tanto científica como popular.” Dr. Amit Goswami en su libro “Dios no ha muerto”

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Consciencia y conciencia son términos que suelen emplearse indistintamente. Ambas palabras tienen un enlace común en el concepto de apercibimiento, pero la consciencia lo es del cuerpo y del alma, y conciencia lo es del espíritu.

La introspección, observar y analizar de forma inquisitiva las profundidades de mi ser, me ha hecho comprender que en mí cohabitan cuatro seres, “yoes” o cuerpos de existencia:

– El ser orgánico o cuerpo físico ( consciencia física ) – El ego, la personalidad o persona en estado activo (consciencia intelectual y social ). – El ser álmico, alma, persona o ser sintiente (consciencia de sensaciones y sentimientos). – El ser espiritual, espíritu ( conciencia del yo o ser verdadero y trascendente) que los creyentes de todas las religiones identificamos como el ser divino, inmortal y eterno, la chispa o emanación de Dios.

Cada uno de ellos apercibe su propia experiencia fenomenológica. Cuán a menudo hemos dicho u oído: ” Mi corazón me dice que…, pero mi cabeza me dice que… “, “su bofetada me dolió más en el alma…” o ”lo sucedido afectó tanto su espíritu que cambió su personalidad…”, dando por supuesto que entendemos la diferencia y sin necesidad de haberlo razonado.

En el auténtico Hombre (varón o hembra), que no el animal racional que la mayoría somos, el control de su existencia lo posee el espíritu. Éste “domina” el alma para sentir pero no consentir, y dirige al cuerpo para que actúe recta y correctamente en todas sus experiencias. Sin esta estructura original y natural, es el ego quien rige el alma y dirige el cuerpo. El ego usa el intelecto (mente para la mayoría) para “engañar” astútamente al alma, (autoengaño) y que acepte el modo como nos hace vivir y manifestarnos, siempre encuentra “argumentos” para convencer y seducir al alma. Dado que el cuerpo no puede vivir sin el alma,  pues ésta lo vivifica y lo provee de fuerza vital, el dominio del ego sobre el alma se extiende al cuerpo.

Es evidente que en la inmensa mayoría de los seres humanos el ego, el usurpador, el impostor parasitario es quien domina y quien arrebata el alma al espíritu, separando a los predestinados “esposos espirituales”. Dado que el espíritu es quien inspira y dota de sentido y plenitud al ser humano, éste en su alma sentirá una “añoranza”, un vacío existencial que el ego intentará compensar y satisfacer de forma artificiosa, y aún se atreverá a enfrentarse a las leyes de la Naturaleza.

Sólo la conciencia discierne clara y absolutamente entre el bien y el mal. El ego de cada persona, amparado, alimentado y espoleado por una sociedad ególatra, crea su propio código de conducta, su propia ética, relegando la moral, que es única y que emana de Dios, a una cuestión y opción personal (relativismo); en lugar de aceptarla como parte de la Verdad absoluta y universal. Esta moral “a la carta” vela, engaña y confunde la consciencia del alma para que esta satisfaga el citado vacío existencial a través del placer carnal y el deleite material.

La consciencia del alma desconectada del espíritu es voluble, no es firme; si bien conoce el bien y el mal, se inclina a satisfacer sus deseos, anhelos y pasiones aceptando el “consejo” del ego, quien por supuesto se desvive por seducir y satisfacer al alma.

El ego, siempre orgulloso y autosuficiente, sabotea el perfeccionamiento (virtud) del alma, arrastrándola a un desenfrenado afán de sensualidades, hitos sexuales, ambiciones materiales, deseos irracionales, apegos a relaciones superficiales de toda índole que  proporcionen ese reconocimiento del que andamos tan hambrientos (un claro ejemplo lo tenemos en el auge de las llamadas redes sociales), experiencias fantasiosas, etc…; para que el resultado sea un ser humano autocentrado, individualista, narcisista, hedonista y materialista al amparo de una ética personal y relativista.

El despertar de la consciencia es una elevación de la consciencia del cuerpo y del alma a un estado superior de apercibimiento integrándose en la conciencia espiritual. Durante este proceso percibes como ego y espíritu pugnan por el alma hasta que es reconquistada por el espíritu. El ego comienza a quedar reducido a una máscara (significado etimológico de personalidad) que en ocasiones se utiliza, pero que a medida que avanza el proceso se abandona y entonces te muestras siempre tal y como verdaderamente eres.

La naturaleza del Hombre es divina, el Hombre está regido por su espíritu. El espíritu es y está en Dios a través de la esencia crística, Cristo en nosotros, que habita en un recóndito lugar del corazón y hasta allí te lleva un “Camino”.

Cuando el espíritu perdió su “autoridad” y se dejó arrastrar por el alma egotizada, “cayó”, se desconectó de su esencia y quedó esclavizado por el ego a todas las limitaciones de la existencia terrenal. Podría decirse que el espíritu “mutó” en ego, y por ello es tan difícil distinguir el ego del espíritu. Este proceso es el que se expone simbólicamente en el texto bíblico de “La caída” en el que Adán es el espiritu y Eva, el alma.

El espíritu caído se verá apresado por el ego y la terrenalidad hasta que “despierte” y se vea forzado a reconocer y reconocerse, a “volver a casa”, a recuperar su naturaleza divina. Si una vez mutó a lo material ahora debe transmutar a lo espiritual. Al despertar contribuirán, llegado el momento, un período de intensas, duras y continuadas vicisitudes y disciplinas.

El espíritu comprende finalmente que sólo puede encontrar la paz y la vida plena iniciando el Camino de vuelta a su esencia,  a la casa del Padre.

Jesús Cristo se refirió a este proceso en su parábola del hijo pródigo (Lucas, cap. 15). “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.” 

Antes de poder ponerse en camino, el espíritu deberá superar al ego en un primer y gran combate en el que decapitará su orgullo, amor propio y vanidad. Si el espíritu se muestra débil y perdona o justifica al ego a cambio de su “colaboración”, se engaña y fortalece a su oponente. El alma tiende a inclinarse por la seguridad del más fuerte, ante un espíritu dubitativo, permanecerá junto al ego. No debe haber piedad, el orgullo y sus acólitos deben ser eliminados o reducidos a la mínima expresión. A esta primera batalla le seguirán innumerables, tantas como imperfecciones haya que vencer y en todos los ámbitos.  Los combates serán de una intensidad acorde al dominio y fortaleza del ego, incluso cuando creamos que capitula, se tratará de una retirada estratégica para reaparecer y contraatacar por sorpresa, cuando menos lo esperemos y hayamos relajado nuestras defensas.

La victoria total y definitiva se logra sólo con la intervención de la Gracia de Dios, que el espíritu obtiene si ha luchado hasta la extenuación, purificándose por el agua, el fuego y la sangre.

La conciencia es la potencia, la cualidad, la capacidad de apercibir, discernir, sentir y actuar de forma absoluta del espíritu, respecto a la Verdad, el Bien y el Mal, la Justicia, la Sabiduría y el Amor. No hay nada subjetivo para la conciencia, pues la conciencia individual es la Conciencia Una y Absoluta que se manifiesta en cada espíritu-alma.

La unión del espíritu y el alma hace crecer la esencia crística que forma el nuevo y verdadero Hombre ( varón o hembra), hijo de Dios.

Queda claro pues, que el despertar de la consciencia y el camino espiritual son uno y mismo proceso, que produce un cambio profundo y drástico de la propia existencia y del mundo, y consecuentemente del modo de relacionarse y conducirse. Se empieza a vivir en otra realidad, la que nos llevará a comprender quienes somos, de dónde venimos, por qué estamos aquí y hacia dónde vamos.

En esta situación consciencia y conciencia operan de manera coordinada, purificando e  integrando los “yoes” del ego. La realidad física se percibe de un modo distinto, más completa. Comienza a manifestarse una sensiblidad cognitiva que antes podría considerarse debilidad o sensiblería.

Así por ejemplo, si tras una dura experiencia o crisis personal has empezado a ver las plantas y los árboles con un sentimiento de cercanía, si has tenido deseos de acariciar sus hojas, te quedas a menudo absorto mirando el cielo o simplemente por aquello que antes te era indiferente ahora muestras un inefable interés, entonces amig@ mi@, el proceso ha comenzado en ti, bienvenid@. De tu libre albedrío dependerá adentrarte en esta senda recién descubierta hasta un camino de acceso o entendimiento en el que tu determinación te llevará allí donde encuentras tu verdadero Yo, tu espíritu esperándote para iniciar el Camino en y hacia la Verdad, hacia Dios.

El Camino es personal, único y tiene una sola dirección. Una vez en el mismo tu gran error consistiría en no continuar hasta el final. Tus pasos no estarán conducidos y sometidos a dogmas de maestros o de religiones, aunque su conocimiento ayuda. El Camino está plagado de dificultades. El ego, al que creerás dominado seguirá intentando recuperar su posición apoyado y reforzado por el entorno social, su presión será cada vez mayor y experimentarás situaciones sorpresivas e inexplicables que unas veces son seducciones o tentaciones con el fín de debilitarte; y otras, pruebas para alertarte o disciplinarte, con el objetivo supremo y noble de fortalecerte. A medida que avanzas, la conciencia se impone a la consciencia. Déjate guiar por la intuición y el discernimiento que irán creciendo en tu espíritu como resultado de la Sabiduría con la que Dios te proveerá. Es lo que en Occidente se denomina el descenso del Espíritu Santo, comenzar a vivir en la Gracia de Dios y en Oriente se conoce como la Iluminación Divina. Algunos hablan de un “Yo superior”, pero rechazo este término porque lo intuyo como una triquiñuela del ego para sobrevivir, pues se delata a si mismo al aspirar a la superioridad, antes yo era inferior ahora soy superior, en una clara manifestación de soberbia que es antagonista de la humildad necesaria para transitar el Camino.

Lo expresado es un testimonio de mi propia experiencia reciente, no son creencias sino certezas y en ellas encontré la Verdad de la siguiente revelación (Evangelio Lucas 11, 9):

“Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.  Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” .

El Camino no está reservado sólo para aquellos que creen haber recibido su llamada o poseer una disposición o atributos especiales. No resulta, por añadidura, más fácil y accesible para los grandes intelectos; al contrario: la persona sencilla y humilde que cuente con un corazón bondadoso y una férrea voluntad lo hallará, y se encaminará sin permitirle a su ego que le detenga o extravíe con sesudos razonamientos.

El Camino no tiene retorno, o mejor dicho, puedes abandonarlo pero no puedes volver atrás, porque todo lo progresado, poco o mucho, se alzará detrás de tí como una gran muralla que te impedirá volver a ser la misma persona que eras al iniciarlo. En tu entorno notarán el cambio y se preocuparán; unos, amigos y familiares, te tratarán como a un “enfermo”, otros te temerán porque a sus ojos ya no perteneces a la “manada” y resultas peligroso, y los más, directamente te ignorarán porque para ellos ya no serás “nadie”. Todos los asuntos terrenales pasarán a ocupar un segundo plano, llegarás incluso a despreciarlos, lo que pondrá en riesgo tu hasta entonces cómoda y convencional existencia como miembro de la “jungla social”, los asuntos que considerabas importantes dejan de serlo; sólo tendrás una meta, avanzar en el Camino.

Quienes han “caminado-despertado” suficientemente comprenden que los sistemas educativos, tanto en las democracias de Occidente como en los regímenes totalitarios, están diseñados para cultivar egos. Al niño desde muy temprana edad se le desconecta de su esencia-conciencia (espíritu) y se le “programa” desde que empieza a tener consciencia de su existencia, es decir desde que comienza a integrarse en la sociedad (hoy en día en Occidente desde su preescolarización a los 3 o 4 años de edad).

La incorporación de las mujeres al mundo laboral propiciada por el Sistema tenía y tiene un doble objetivo: atraparlas en la “jungla” y secuestrar el espíritu de sus hijos. Algunas mujeres que conozco son conscientes del “engaño”, pero son una minoría que no encuentra eco frente a sus congéneres más vociferantes y radicales del feminismo “correcto, oficial y oficializado” que contribuye inconscientemente a los planes del Sistema. Éste ofrece a las mujeres una forma de lograr su realización, a cambio de que sus almas satisfagan su existencia con la inacabable sucesión de productos y servicios diseñados para “su felicidad”. Todo ello presentado altruistamente como frutos del progreso económico y los avances sociales, ante los que ninguna mujer puede negarse. En definitiva una forma sutil y perversa de seducirlas y someterlas usando instrumentos democráticos.

¿ Quien puede liberarlas y liberarnos ?. Desde luego no lo hará el Sistema y sus ideologías.

Expulsar a Dios es un gran error que lejos de reconocerse, sostenemos e impulsamos. Dios es la mejor brújula. Es evidente que las alternativas con las que pretendemos sustituirle nos enredan y confunden cada vez más. Chesterton afirmaba que ” cuando se deja de creer en Dios enseguida se cree en cualquier cosa”, pero se equivocó, no es en cualquier cosa, sino que nuestro credo está siendo dirigido por y hacia los estados y los mercados. El poder político y el financiero son los nuevos “dioses”, que se han hermanado en un pacto de colaboración sellado con oro, para mantenernos en la más completa ignorancia de nuestra verdadera naturaleza y destino. Para este poder no somos sino votos, consumidores, contribuyentes y prestatarios, nada más. Creo que ya ningún político o financiero habla de los demás como personas, sino como ciudadanos y clientes, sumisos y fieles ciudadanos y clientes.

La sociedad humana desde que conocemos su historia ha sido egotista: yo, mi familia, mi tribu, mi pueblo, mi país,… Para organizarse y gobernarse ha gestado sistemas que aspirasen a conciliar y satisfacer a los egos individuales sometiéndolos a la ley no escrita del “tanto tienes, tanto vales”. Estos sistemas son en realidad la evolución de un único Sistema basado en el poder de unos egos sobre otros. Con el siglo de las luces y su religión de la razón, el Sistema creó las ideologías para intentar superar definitivamente a la Sabiduría Perenne, y ante sus fracasos, el Sistema las reinventaba para “convencer” a las masas de que la primacía de la razón ( sin corazón ) era el camino, sin embargo ese camino siempre ha tenido un mismo final, el fracaso y la decepción. Hoy en día nos resignamos a admitir que la democracia actual es el “menos malo de los sistemas”, admitiendo entredientes que la “diosa razón” no da más de sí, que es falible y limitada.

Los intentos radicales, revoluciones, de una Humanidad sin Dios para cambiar el estado de las cosas han acabado siempre decepcionando las “expectativas” que las impulsaron. El lema revolucionario por excelencia: Libertad, Igualdad y Fraternidad, se ha convertido en pura propaganda que el Sistema se empeña en mantener a toda costa como génesis de las pseudo-democracias en las que vivimos. Hemos comprobado hasta la saciedad que toda revolución acaba subvertiéndose y corrompiéndose en favor de una oligarquía, que intenta por todos lo medios, y de forma especialmente sibilina en los democráticos, mantener su status (ego) privilegiado.

A estas alturas de nuestra evolución deberíamos comprender con claridad que esos procesos fueron impulsados y guiados por seres humanos dominados por su soberbia. Así podemos comprobar como la esencia de la democracia, el gobierno del pueblo, ha degenerado en partitocracia , gobierno del partido político . Es notorio que este ni siquiera alcanza a ser un gobierno aristocrático – “de los mejores” – como postulaba Platón, su eficacia sólo se concentra en perpetuarse en el poder por encima del supremo interés colectivo.

El mundo actual ha colapsado, en algunos aspectos se ha derrumbado, nada de lo que creó el intelecto humano durante los siglos XIX y XX ha conseguido resolver realmente los problemas sociales y personales, pues los nuevos inventos y soluciones han dado paso a nuevos problemas. Es hora de reconocer, que tal vez nos hayamos equivocado en lo fundamental, y es que sin Él, nada podemos hacer.

Las religiones en lugar de actuar como leales colaboradores de Dios en la Tierra, han optado por inclinarse a favor del Sistema. Esto es muy evidente en las religiones judeo-cristianas e islámica. En el caso de la religión católica, el plan de Dios se vió alterado el año 325 d.C cuando la Iglesia en el Concilio de Nicea, llegó a un acuerdo de reparto de poderes con el Sistema imperante, representado por el emperador Constantino. Lo humano y lo divino quedó en manos de una Alianza que ha estado intentando y consiguiendo que la mayoría de sus “subditos y feligreses” les cediesen el control de sus cuerpos, mentes y almas. De ello da prueba  el grado de inconsciencia y estupidez humana, que como bien señaló Einstein puede llegar a ser lo único infinito.

Quienes a lo largo de todos los siglos obtuvieron y enseñaron la Sabiduría Perenne han insistido en que la consecución de una sociedad justa y venturosa sólo puede comenzar y realizarse empezando por uno mismo, primero yo me perfecciono, y mi perfección contribuye a mejorar la sociedad. Reconozco que este proceso sería tan largo, que nadie se atrevería a estimar el tiempo necesario para alcanzar una masa crítica suficiente que permitiera una rápida evolución. De lo que no me cabe duda es de que existe un plan divino ininteligible por el momento para nuestras limitadas mentes para acelerar ese proceso. Quienes aperciben desde la conciencia comienzan a intuirlo y ello les muestra que Dios, no sólo no ha muerto, sino que está actuando en el interior de cada vez más seres humanos para acelerar nuestra evolución.

Las crisis existenciales son una de las vías para este proceso. Las personas en edad madura acaban intuyendo, por lo general no antes de los cuarenta y tantos años, que hay algo más que una vida terrenal, que han de volver a formar parte del Espíritu del Universo, que Alfa y Omega como principio y fín pueden tener sentido, que estamos destinados a reintegrarnos, lo admitamos no, en Dios. Los episodios de sufrimiento que en mayor o menor intensidad les golpean periódica e ineludiblemente se encargan de recordárselo. Si se obstinan en negar la evidencia, su vacío y padecimiento se intensifican.

Jesús, el Hombre Cristo, nos mostró el Camino para disolver el ego, personal y social, y convertir el mundo en una antesala del Reino. Está claro que obtúsamente no se ha comprendido por una mayoría a lo largo de estos dos mil años.

“Yo soy el Camino, la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre, sino por Mí. ” Juan 14: 6.

capítulo completo de Juan, 14

Lo antedicho compone parte del corpus esencial de esta bitácora. Todos los temas que trato están relacionados con los cuatro pilares del Universo: Hombre, Humanidad, Mundo y Dios y el modo en que estoy siendo reconquistado por mi espíritu hacia Dios. Este proceso espiritual es el medio por el que aprehendo y consigo mi profundo y pleno autoconocimiento para sentir, comprender, aceptar, gozar y sufrir la vida tal y como deviene.

Puedo asegurarte que Dios no ha muerto. Entonces, ¿dónde lo encuentro?. Al final del Camino, no tiene pérdida, goza el viaje. .

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LA CIENCIA DEMUESTRA QUE DIOS EXISTE.

La transmutación revelada en La Biblia:

“En efecto, así es como dice la Escritura: Fue hecho el primer hombre, Adán, alma viviente; el último Adán, espíritu que da vida.

Mas no es lo espiritual lo que primero aparece, sino lo natural; luego, lo espiritual.  El primer hombre, salido de la tierra, es terreno; el segundo, viene del cielo. Como el hombre terreno, así son los hombres terrenos; como el celeste, así serán los celestes. Y del mismo modo que hemos llevado la imagen del hombre terreno, llevaremos también la imagen del celeste.

Os digo esto, hermanos: La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de los cielos: ni la corrupción hereda la incorrupción.

 ¡Mirad! Os revelo un misterio: No moriremos todos, mas todos seremos transformados.

En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta final, pues sonará la trompeta, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados.

En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad.  Y cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido devorada en la victoria.

¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la Ley. Pero ¡gracias sean dadas a Dios, que nos da la victora por nuestro Señor Jesucristo!

Así pues, hermanos míos amados, manteneos firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que vuestro trabajo no es vano para el Señor.”

1ª Carta de Pablo a los Corintios, 15, 45-58

Preguntadle a cualquiera que haya hecho el camino de Santiago sobre sus sensaciones.  Una mayoría os dirán que durante el mismo sintieron la necesidad paralela de caminar interiormente.

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