Descansar la vista

Los múltiples nervios y músculos de acomodación del globo y de la movilidad ocular se ponen tensos por la preocupación, ansiedad o agitación psíquica. Si antes de acostarnos no los relajamos, tampoco se soltarán del todo en el sueño, máxime si la tensión fue honda y prolongada. Continuando este proceso por semanas y meses llegarán a perder su elasticidad y no podrán acomodar bien el ojo : presbicie, miopía, etc.
Para relajarlos proponemos varios ejercicios recomendados por la experiencia

1. El palmeado.  Sentado cómodamente y relajado todo el cuerpo, deja que los párpados caigan suavemente, cerrando los ojos sin presión. Piensa en el globo del ojo, como suelto y blando y libre de tensión en su derredor. Piensa en una sonrisa y que ella se extiende por los ojos cerrados. Imagina que no hay en ellos luz alguna. Todo blando y negro. Cúbrelos con las palmas de las manos algo ahuecadas para que no opriman el globo ocular y apoya los codos sobre las rodillas juntas, relajando los músculos de la respiración. Lo importante es que los ojos estén cerrados, relajados al máximo y bien cubiertos. Cuanto más negro sea el color que se vea, tanto mayor relajación y descanso. La mente debe reposar también, o dejándola vagar en cosas agradables, o imaginando que la oscuridad se torna más y más negra. Diez o veinte minutos, dos o tres veces al día, producirán gran descanso corporal, y aun psíquico, y con frecuencia mejorarán y hasta podrán curar defectos funcionales de acomodación. Quien esté agitado o cansado al acostarse, sacrifique algo de sueño para relajar antes sus ojos, y dormirá mucho mejor.

2. Parpadear con frecuencia.  Cada diez segundos más o menos. Es el descanso que la naturaleza reclama espontáneamente. Los ojos fijos son antinaturales : es un hábito perjudicial y causa de la fatiga y tensión, o causados por ellas.

3. Baños al sol.  Cerrados sin presión los párpados, se ponen de cara a un sol no muy intenso moviendo suavemente la cabeza o el globo ocular para que los rayos solares vayan activando por igual todo el ojo. Varios minutos, una o varias veces al día, aclaran la visión, amortiguan el dolor o pesadez de cabeza, relajan la tensión muscular, mejoran la respiración y nos libran de la fotofobia o temor a la luz.

4. Baños con agua fría. El mismo efecto se consigue también salpicándolos sucesivamente unas veinte veces con el agua que cabe en la palma de la mano. Los ojos han de estar suavemente cerrados.

5. Ojos pasivos.  Después de estos ejercicios, abrir los ojos y mirar. Dejar que la vista del objeto o del libro venga ella sola a descansar en el ojo, no ir nosotros en su busca. El esfuerzo para ver nos impide ver bien .El ojo normal no trata de ver al mismo tiempo un gran espacio, por ejemplo, toda la línea, sino una o dos palabras. Pero su movimiento es tan rápido que nos da la impresión de que abarca un gran espacio. Cuando quiere ver todo a la vez, está en tensión. Relajemos, pues, y soltemos el ojo y veremos sin fatiga. Captemos cada detalle, a su tiempo, sin prisa por verlo todo.

6.  Enfoque central.  En los que han sufrido agotamiento cerebral, por la lectura apresurada y angustiosa, suele quedar un miedo de gastarse si se fijan en las palabras o letras y van con prisa por ver lo que sigue. Entonces falla el enfoque central; la visión no es tan nítida; habrá también nerviosismo, la respiración deja de ser profunda y vendrá la fatiga. Si en cambio dejan entonces que el diafragma se afloje y que la inspiración se sienta en la nariz junto a los ojos, y si hacen unos minutos de enfoque central, sentirán alivio. Este enfoque consiste en fijarse en una letra o palabra de cada línea o párrafo deteniéndose un instante en ello hasta verla con toda nitidez, brillo y relieve. Aparecerán casi en negrita. Unos minutos de este ejercicio aumentarán su concentración.

En la lectura veloz o dinámica el enfoque central no se fija tanto en las palabras, o en su sonido, como fonemas, sino en las frases y en su sentido. Esa lectura veloz tras pocas semanas de ejercicios adecuados y graduados nos permitirá duplicar y aun multiplicar la velocidad y comprensión en la lectura.

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