Ser estudiantes de la vida.

De  una de mis lecturas de cabecera ” El Libro de La Vida” de Krishnamurti entresaco estas palabras pronunciadas en una de sus charlas  en 1.934.  Son eternamente actuales:

” ¿ Por qué queremos ser estudiantes de libros, en lugar de ser estudiantes de la vida ?

Averigüen qué es falso en el medio que los rodea, con todas sus opresiones y crueldades, y entonces descubrirán qué es lo verdadero.

La historia de la humanidad se halla en ustedes; allí están la vasta experiencia,  los miedos profundamente arraigados, las ansiedades, el dolor, el placer y todas las creencias que el hombre ha acumulado a lo largo de milenios. Ustedes son el libro.”

Todos tenemos o hemos tenido abuelos que han estudiado en los libros de su vida, quizás no sean intelectualmente un paradigma del mundo actual, pero ellos han sabido cómo actuar en cada circunstancia, cómo superar las vicisitudes, qué camino tomar…. mejor que la mayoría de nosotros,  aún siendo nuestras condiciones de vida más fáciles y contando con la ayuda de innumerables libros guía o de auto-ayuda.

Una de las razones de su éxito es que tenían muy claro la diferencia entre lo que está bien de lo que está mal.  No necesitaban dudar si tal o cual cosa,  acción o hecho eran “relativamente” buenos o malos. Para ellos la relatividad, les sonaba a teoría de un científico, cuyo nombre en muchos casos ni recordaban. Nosotros sin embargo, tenemos que considerar lo políticamente correcto y valorar el grado de relatividad de la conducta humana, la propia o la ajena, antes de ponernos en acción, antes de interactuar en nuestro entorno.

Mi padre sería un fiel seguidor de Krishnamurti, apenas cursó los primeros estudios, y su único libro de consulta ha sido el de su propia vida, sobre todo los capitulos dedicados a la intuición natural,  el coraje de vivir, la  rectitud de conducta, la tenacidad en los objetivos, cómo descubrir la mentira, y muchos más de los que he tomado debida nota.

No me canso de releer este maravilloso libro y siempre descubro nuevos matices en cada una de sus frases, en cada una de sus 365 meditaciones. Y sobre todo, su lectura, es un éxamen constante de mi nivel de conciencia real.

El solo hecho de tenerlo en mis manos me hace recordar que cuando adquiero conocimiento debo sentirlo como una experiencia de la conciencia hacia la mente, y no desde la mente hacia la conciencia.

Hoy me recordó especialmente que : Los problemas no han de resolverse , han de disolverse.

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