¡Alarma!, la ternura en Barcelona, se pierde.

Vivo en una zona de clase media de la periferia de Barcelona. El pasado miércoles, aprovechando el día del espectador, fuí a ver el recien estrenado film francés “El pequeño Nicolás” en el multicine del barrio.

Me sorprendió que a la sesión de las 8 de la tarde solo asistiera yo. Durante una hora y media me sentí un potentado. Un pase para mí solo, todo un privilegio.  La película me encantó, le pondría muchos calificativos: entrañable, divertida, humana, tierna, emotiva, afectuosa, delicada… Nos muestra la belleza de una época en la que las cosas eran simples y se gozaban plenamente.

Hoy viernes,  al pasar por la sala he comprobado que ya no se exhibía. Ha sido tal mi extrañeza, pues no ha alcanzado ni la semana de duración, que le he preguntado al taquillero. Su respuesta: ” Sí, la hemos retirado ayer  porque no venía nadie”.  Pensé entonces que quizás yo fuera el único que la había visionado.

Una de dos, o yo soy un “tipo raro” o a mis vecinos se les ha “adormecido” el alma.

Conclusión: La crisis de valores, al menos en mi barrio, es ya una quiebra total.

Aún así , recomiendo a cualquier persona de 6 a 102 años que la vea, y compruebe por si misma lo que el progreso nos ha hecho perder.

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