Acabaremos mal… muy mal

La violencia entre un hombre y una mujer ( perversamente llamada de género o doméstica) es casi siempre consecuencia del enfrentamiento-provocación  entre brutalidad masculina y perfidia femenina.

Observo a mi alrededor que muchas adolescentes siguen bebiendo los vientos por un tipo de chico en el que se combinan el atractivo bruto-sexual, la picardía canalla y un primitivismo corsario.  Esas mismas chicas que se enamoran del hombre inadecuado creyendo que cambiará o que lo cambiarán , pero  cuando lo intentan mediante sus “armas de mujer” conocen lo que ellas no han querido ver durante años,  la verdadera personalidad de tales individuos

Las instituciones responsables de intervenir en los conflictos de pareja están en manos de personas adscritas o influenciadas por la ideología de género y no parece que muestren un honesto interés en solucionar el problema.  Muchos tenemos la sensación de que cuantos más casos desgraciados se difundan en los medios de comunicación, estos ayudan a legitimar las políticas que están imponiendo los ideólogos de género.

El maltrato en la pareja no está siendo combatido en sus raices.  Las masas se envilecen con programas “telebasura”  donde hombres y mujeres alardean de su curriculum sexual. Tampoco se prioriza el apaciguamiento al inicio de un conflicto de pareja.  Lo primero que el sistema aconseja a una mujer que tiene problemas con su pareja es que lo denuncie por malos tratos, lo que conllevará la detención del denunciado.  Una medida excesiva con la que se busca agravar y enquistar la mutua animadversión.

¿ Cómo vamos a pedir a los gobiernos que medien por la paz entre los pueblos cuando no son capaces de hacerlo entre dos personas ?

Son decenas de miles los hombres que están siendo criminalizados en esta etapa histórica de “caza al varón”.

Al respecto he leido estas palabras en un interesante articulo de La Razón.

“estos tiempos en los que la verdad queda sometida a la ortodoxia de lo políticamente correcto y salirse de la senda y expresar en libertad el propio pensamiento se convierte en una actividad subversiva”.

ver articulo completo

La verdad en relación con esta clase de violencia no interesa. Pero la verdad siempre brilla, y en este asunto la verdad que afecta a la mitad de los seres humanos acabará evidenciándose.

Las mujeres inteligentes ya hace mucho tiempo que se han dado cuenta del daño que el feminismo radical y su enfermizo odio al varón está provocando. Una madre tiene hijos de ambos sexos. Sus hijas deberán evitar a los varones embrutecidos y sus hijos huir de mujeres perversas. El mal no tiene sexo.

Uno de los grandes fracasos de esta sociedad que se autoproclama desarrollada,  es haber permitido la criminalización de las relaciones hombre-mujer, y más concretamente las causas por las que fracasan.  Hoy una simple discusión de novios puede acabar en los juzgados.  Cada día decenas de hombres acaban en los calabozos por una denuncia verbal de su pareja. Es la única situación jurídica en la que se niega al denunciado su derecho a la presunción de inocencia.  Se da por sentado que todas las mujeres sin excepción están en posesión de la verdad y que ninguna acusaría en falso.

Acabaremos mal…. muy mal.   Que ellas se olviden del compromiso, porque ellos no estarán por la labor. Ellos habrán entendido que el compromiso es un valor con el que se comercia.

Que ellos se olviden de que se respetará su paternidad.  Ellas paren y ellas deciden. Ellas se casan por un amor que tiene precio y derecho de devolución.  Ellas deciden si sus hijos tienen derecho a relacionarse con un señor al que acaban por atribuir el simple papel de “inseminador”.  Atención muchacho, si cometes un error tienes muchas probabilidades de que te arruinen el resto de tu vida.

Que nadie se  extrañe de que los varones no quieran casarse y si aceptan la convivencia visiten a un abogado que les evite futuros disgustos derivados de ser parte de  “una pareja de hecho”.

Las mujeres deberían empezar a reconocer que en esta “guerra de sexos” a la que nos ha conducido una  ideología malintencionada, son ellas  las que más están perdiendo y perderán.

Reaccionad,  los hombres  queremos establecer nuestra relación con vosotras en base a la lealtad, el valor primero e indispensable para gestar confianza,  respeto y fidelidad.

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